Opinión

Ninguna narrativa exceptúa la realidad económica

Aquiles Olivo Morel

Los pronósticos de los estragos del corona virus son pasmosos: A nivel global las cifras de contagios y de muertes aumentan con el pasar de las horas. Los sistemas sanitarios colapsan por igual a nivel global. Mientras las medidas asumidas por los países parecen no surtir los efectos esperados. Las cuarentenas ya empiezan a empujar a la población a la desesperación y la esperanza de encontrar una solución, sea una vacuna, paliativo o terapia parecen propiciar  la frustración.

Estas visiones aparecen reiteradamente en cada una de las narrativas que circulan a nivel global sin importar el nivel de desarrollo de los países o las enjundiosas perspectivas de los pensadores, políticos, técnicos, científicos e intelectuales.

Tan solo en los Estados Unidos las cifras de muertes van abriendo un ranking nuevo en el transcurso de cada día. Los insumos médicos y la protección de los trabajadores de la salud constituyen otro de los desafíos a los que se enfrentan la civilización actual.

Mientras transcurren estos acontecimientos la preocupación gira en torno a conjugar la duración de la crisis con los efectos de esta sobre la economía global. Se presagian nuevos modelos para sistema capitalista donde se consideran aspectos humanos y, por supuesto, alguno aguardan la esperanza del surgimiento de un paquete de medidas a nivel global para ir reguardando a los países de los efectos producidos por la pandemia.

Ninguna narrativa exceptúa la realidad económica de los países debido a lo prolongado de los periodos de la cuarentena considerada de vital importancia para poder contrarrestar la expansión del virus. Los efectos prolongados en los diferentes países del orbe demandaron medidas locales acorde a su realidad. Algunas naciones mucho antes de la aparición del corona virus enfrentaban situaciones de movilización social como consecuencia de las insatisfacciones de los modelos de desarrollo.

Fue el caso de Chile; la añeja y brumosa situación de  Venezuela; también los efectos de la inestabilidad económica en Argentina; en el Uruguay y la propia Republica Dominicana ya sucedían acontecimientos relacionados con el sacudimiento social. En definitiva el debilitamiento dejaba fuera de la movilidad social a muy pocas naciones de América Latina (AL), llegando a ser considerada como una antesala de una especie de “primavera árabe”.

La crisis sanitaria puso de relieve una vieja realidad social de como los recursos e inversión no impactaron a los grupos vulnerables; pobreza; inequidad y sobre todo las brechas prevaleciente entre los recursos y su distribución –fracaso de los sistemas de seguridad social-.  Estas expresiones aparecen casi por igual en la mayoría de los países de esta (AL), por esta razón el nerviosismo sobre cómo afrontar con medidas económicas eficaces la pandemia alteraba las perspectivas políticas y económicas de los países.

Aunque en otras latitudes se cree que esta crisis puede considerarse como la primera de unas series de tropiezos de la globalización no menos importantes resultan las respuestas de las principales figuras a nivel mundial. Algunos creen que esta crisis sanitaria empujara a la visión nacionalista; otros la ven como la simiente de una realidad que obligara a replantear nuevas formas de comercios. Y no menos importante se pueden catalogar las vinculantes con las que se orientan a la realización de evaluaciones como el desarrollo tecnológico y la monopolización de las tecnologías.

¿Cuánto tiempo puede prolongarse esta crisis si aún quienes trabajan en las estrategias de solución, como la OMS, solo se enfocan en el aislamiento y la puesta en marcha de algunos tratamientos aun no aprobados como terapia definitiva? ¿Podría esta pandemia replantear todo el modelo de gobernanza y el surgimiento de un nuevo capitalismo? ¿Por qué tanta demora en articular expresiones de cooperación a los países de mayor impacto en la América Latina? Y finalmente ¿cambiara la manera de convivencia de la especie humana como se escucha a diario en los medios de comunicación?

No se sabrá con exactitud por cuánto tiempo se deberá utilizar el protocolo de las cuarentenas, como mecanismo de frenar la expansión del virus; sin embargo, la desesperación de algunas naciones empieza a notarse porque prácticamente el freno de la producción, la parálisis de la vida cotidiana son algunas de las razones por la cual la gente no puede aislarse por demasiado tiempo.

La creencia de que la pandemia ha demostrado hasta qué punto la fragilidad de las instituciones  venían afectando a los grupos de menores ingresos, algo que se expresaba en los estudios realizados por los Organismos Internaciones, retorna como una de las realidades a las cuales debemos enfrentarnos, ahora con medidas concretas y sujeta a evaluaciones periódicas para poder garantizar la eficacia de las políticas públicas.

La idea de que los organismos multilaterales deben aparecer con un paquete de medidas orientadas a proteger la industria, a mitigar el impacto de la peor catástrofe del era de la globalización viene discutiendo sin todavía encontrar eco en la comunidad internacional. La pandemia obligara a condicionar las ayudas a renglones específicos; este paquete de medidas no puede está condicionado a los mismos estándares de exigencias conocidos y, tengo la creencia de que demorara dada la compleja realidades que vienen apenas empezando a nivel global.

Resulta muy difícil cuantificar en este momento la dimensión de lo ocurrido en término de impacto económico más allá de las conjeturas expuestas por el Banco Mundial en función de la información de la que disponía al empezar esta crisis sanitaria. Estos elementos podría ser la parte considera para explicar la demora del tipo de intervención a emprender. Obviamente que habría que ver qué tipo de configuración asumirá occidente como modelo para afrontar en lo adelante estos desafíos; una mirada a la historia donde la ocurrencia de situaciones de menor tamaño obligaron a la creación o reinvención de nuevas instituciones podría servirnos para explicar a lo que se enfrentara la humanidad.

Algo notorio de la pandemia y que puede verse como el mayor generador de nerviosismo lo es el aspecto económico; la manera en que se frenó repentinamente la producción; este inmovilismo pudo poner de relieve como la parte informal del desarrollo se aprecia como la más perjudicada y a la que no se haría más complejo encontrarle salida en un hipotético plan de socorro.

Sin embargo, semejante realidad se puede encontrar en la vida cultural; expresiones parecidas de decaimiento se puede encontrar en todos los aspectos de la convivencia y por supuesto, en la vida religiosa afectando considerablemente la forma en que las personas se congregan o deberán en lo adelante hacerlo. Otras expresiones de la vida humana tampoco pueden exceptuarse habrá que ver como se adaptaran al nuevo mundo que nacerá al aplanar la denomina curva de la pandemia.

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