Opinión

No escribo para agradar, escribo para que despierten.


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Por: Marisela Gutiérrez

El tiempo pasa. Muchos dicen que nos estamos poniendo viejos; yo prefiero decir que estamos aprendiendo cada día más. Los logros, los tropiezos, las decepciones y los fracasos son lecciones que solo el paso del tiempo puede enseñarnos.

Es un tiempo que, al transcurrir, deja innumerables enseñanzas: unas positivas y otras negativas, pero todas dejan una huella en nuestra vida.

Dicen que el plátano maduro no vuelve a verde, y es una gran verdad. Lo que llegó y no se disfrutó, lo que no se aprovechó en su momento, solo deja espacio para decir: el tiempo pasó.

El tiempo te enseña en qué y en quién confiar. Te muestra el verdadero rostro de las personas y te ayuda a distinguir quién merece permanecer en tu camino y de quién debes alejarte.

También te recuerda a aquellas personas a las que debiste acercarte y no lo hiciste cuando era el momento. Porque el tiempo no solo trae experiencias; también revela oportunidades perdidas y decisiones que pudieron haber sido diferentes.

Al final, el tiempo es el mejor maestro. No se detiene, no regresa y no espera por nadie. Por eso, más que lamentarnos por los años que pasan, debemos agradecer las lecciones que nos dejan y aprender a vivir cada etapa con sabiduría, antes de que llegue el día en que solo podamos decir que el tiempo pasó.

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