Opinión

No pierdo tiempo, salgo armado de mi casa… (4)

Fausto García

“El hombre que oculta su pasado se niega a sí mismo”. (Fausto García).

Es evidente entonces que es una convicción firme en mí, la de no usar armas de fuego, y sí siempre el arma sin metal, la del Espíritu Santo.  Uno de los modos o medio de tener y usar siempre esta, es la oración.  Por tanto es mi primera arma con la que salgo de mi casa. Esta la practico a diario en mi vida, de manera más especial y permanente, luego de lo vivido en el relato y reflexión titulado SI DIOS ES TAN GRANDE…publicado en este medio, en el año 2002, el cual he difundido por este y otros medios unas cuantas veces. Si le interesa recibirlo, hágamelo saber.

La segunda arma con la que salgo cada día de mi casa, es un lápiz, un papel, un libro o algo que leer.  Y todo esto porque no tengo tiempo que perder, no puedo estar en ningún lugar sin algo que hacer, me siento que estoy perdiendo, desperdiciando el tiempo y este no solo es corto o muy breve, sino que no regresa e ignoramos los segundos que nos quedan en este maravilloso mundo para ir al otro más hermoso, la Nueva Jerusalén, descrita en parte por el apóstol Juan en su libro Revelación o Apocalipsis, así:

Se acercó a mí uno de los siete ángeles de las siete copas llenas de las siete últimas plagas y me dijo: «Ven, que te voy a mostrar a la novia, a la esposa del Cordero.» Me trasladó en espíritu a un cerro muy grande y elevado y me mostró la Ciudad Santa de Jerusalén, que bajaba del cielo de junto a Dios, envuelta en la gloria de Dios. 

La muralla está hecha con jaspe y la ciudad es de oro puro, como cristal. Las bases de la muralla de la ciudad están adornadas con toda clase de piedras preciosas: la primera base es de jaspe; la segunda, de zafiro; la tercera, de calcedonia; la cuarta, de esmeralda; la quinta, de sardónica; la sexta, de sardio; la séptima, de crisólito; la octava, de berilio; la novena, de topacio; la décima, de crisopraso; la undécima, de jacinto; la duodécima, de amatista. Las doce puertas son doce perlas, cada puerta está hecha de una sola perla. La plaza de la ciudad está pavimentada con oro refinado, transparente como cristal.

No vi templo alguno en la ciudad, porque su templo es el Señor Dios, el Todopoderoso, y el Cordero. La ciudad no necesita luz del sol ni de la luna, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.

A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra llevarán a ella sus riquezas. No habrá que cerrar sus puertas al fin del día, ya que allí no habrá noche. Traerán a ella las riquezas y el esplendor de las naciones. Nada manchado entrará en ella, ni los que cometen maldad y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.

Y hablando de no perder tiempo, me lamento de saber que hay tantas gentes que dice no tener o no encontrar que hacer. En mi caso, hace mucho que digo esta frase: No tener que hacer es algo por hacer. Al margen de las labores propias del trabajo cotidiano, tengo otras muchas profesiones. Digo muchas porque el don de pensar, tener ideas y poder escribir es como tener varias ocupaciones, pues el pensar nos lleva a querer crear, conocer, investigar, aprender, leer, practicar disciplinas deportivas, aprender de todo lo que se cruce por el camino -positivo naturalmente-, oír buena música; explorar el planeta y el universo, hoy con tantos recursos disponibles para hacerlo, navegar en la flora y fauna marina, y en fin, contemplar y admirar los cielos, el firmamento, una puesta de sol, una agua de mayo, y por que no, hasta las tormentas y fenómenos naturales.

 

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