“No soy de ir a la iglesia, pero al final me he emocionado”, “Francisco era un sueño”: lágrimas y largas esperas para despedir a Francisco en Roma.

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RESUMEN
“Él nos ha enseñado a no rendirnos”, zanja Francesco, ciudadano napoletano, a la salida del funeral de Francisco. El tiempo en Roma suele decirse que se mide de otra manera, pero la magnitud de unas exequias papales permiten situarlas entre los grandes acontecimientos de la historia. Y más si se trata de las del papa Francisco, un pontífice tan amado entre la gente que su funeral ha convertido el Vaticano y sus alrededores en un gran y compartido ritual de paso hacia otra era para la iglesia que aún no podemos conocer.
Esa es la sensación entre todos aquellos que se han congregado en la plaza de San Pedro y sus alrededores para asistir al funeral multitudinario de más de 200.000 personas que se ha oficiado en el Vaticano tras la muerte del papa Francisco, que murió este lunes 21 de abril a los 88 años tras un ictus y varias semanas de ingreso por una neumonía.

Tras tres días de capilla ardiente y una vigilia que se ha celebrado en San Pedro, los primeros asistentes al funeral han llegado a la plaza sobre las 5:00 o 5:30 horas. El funeral empezaba a las 10 y ha acabado sobre las 12:15: para muchos, han sido hasta seis horas de espera. Claudia, una mujer argentina que había venido a Roma por la canonización (ahora paralizada) de Carlo Acutis, descansa sentada tras las largas horas de misa y el potente sol de la primavera romana. Cuenta a Infobae que ayer fue a verle a la capilla ardiente: “Me emocioné, lloré mucho”. También cree que Francisco “deja un mensaje de misericordia que es justo lo que necesita el mundo”.





