Opinión

Noche de San Juan

Ramón Cáceres Almonte

La Noche de San Juan es una festividad muy antigua en la que se celebra la llegada del solsticio de verano en el hemisferio norte, cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de este rito era “dar más fuerza al sol”, que a partir de esos días, iba haciéndose más “débil” (los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno). Se creía que el fuego también tenía una función “purificadora” en las personas que lo contemplaban. Esta fiesta se celebra en muchos puntos de Europa, aunque está especialmente arraigada a España, Portugal, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Reino Unido.

Con el inicio del verano en el hemisferio norte (del invierno, lógicamente, en el hemisferio sur) llega una de las fechas más mágicas del año, la Noche de San Juan. Del 23 y 24 de Junio son los días típicos.

En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba “puertas”. La “puerta de los hombres”, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano (del 21 al 22 de junio) a diferencia de la “puerta de los dioses” del solsticio de invierno (del 21 al 22 de diciembre).

La Noche de San Juan es una fecha en la que no faltan las leyendas fantásticas, que son innumerables, pero todas ellas son unánimes al decir que es un período en el que se abren de par en par las invisibles puertas del  “otro lado del espejo”:

– Se permite el acceso a grutas, castillos y palacios encantados; se liberan de sus prisiones y ataduras las reinas moras, las princesas y las infantas (cautivas merced a un embrujo, ensalmo o maldición); braman los dragones y vuelan los “caballos del diablo”; y salen a dar un vespertino paseo a la luz de la Luna seres femeninos misteriosos; afloran enjambres de raros espíritus duendiles amparados en la oscuridad de la noche y en los matorrales; las gallinas y los polluelos de oro, haciendo ostentación de su áureo plumaje, tientan a algún que otro incauto codicioso a que les echen el guante; las mozas enamoradas sueñan y adivinan quién será el galán que las despose; las plantas venenosas pierden su dañina propiedad y, en cambio, las salutíferas centuplican sus virtudes; los tesoros se remueven en las entrañas de la Tierra y las losas que los ocultan dejan al descubierto parte del mismo para que algún pobre mortal deje de ser, al menos, pobre; el rocío cura ciento y una enfermedades y además hace más hermoso y joven a quien se embadurne todo el cuerpo; los helechos florecen al dar las doce campanadas…

En definitiva, la atmósfera se carga de un aliento sobrenatural que impregna cada lugar mágico del planeta y es el momento propicio para sentir escalofríos, estremecernos, ilusionarnos, alucinarnos y narrar a nuestros hijos, nietos o amigos toda clase de cuentos, anécdotas y chascarrillos sanjuaneros que nos sepamos.

Muchas cosas raras, realmente, pero también muchas creencias, como estas:
Bañarse o pasear descalzo sobre el rocío asegura salud todo el año,-
Adornar con ramas de pino y fresno las puertas y ventanas protege la casa de los rayos- Bañarse o pasear descalzo sobre el rocío asegura salud todo el año,- Adornar con ramas de pino y fresno las puertas y ventanas protege la casa de los rayos

Alfombrar los umbrales con hierbas y flores conservarlas y tomarlas en infusión en caso de enfermedad

Recuerdo una que dice que si una mujer se mira a medianoche desnuda en un espejo, al otro día vera pasar el humano de su vida..amanecer con una guitarra debajo de árbol de higuera, se aprende a tocarla…y así….
¿Por qué se relaciona esta fiesta con San Juan Bautista?

San Lucas narra en su Evangelio, que María, en los días siguientes a la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto, fue fácil fijar la solemnidad del Bautista en el octavo mes de las candelas de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo.

Desde entonces se señaló esta noche como la de San Juan, muy próxima al solsticio de verano que ha heredado una serie de prácticas, ritos, tradiciones y costumbres cuyos orígenes son inmemoriales en toda Europa y se han extendido por muchos pueblos de América. Lo paradójico del asunto es que el 24 de junio se celebra la fecha del nacimiento de San Juan el Bautista, que en realidad no debería festejarse porque el dies natalis de los santos siempre fue el de la muerte.

En el Evangelio de San Lucas se cuenta que su padre, el sacerdote Zacarías, había perdido la voz por dudar de que su mujer, Isabel, estuviera en cinta. Sin embargo en el momento de nacer San Juan la recuperó milagrosamente, como se lo había predicho el ángel Gabriel.

Rebosante de alegría, la tradición religiosa dice que encendió hogueras para anunciar a parientes y amigos la noticia. Cuando siglos después se cristianizó esta fiesta, la noche del 23 al 24 de junio se convirtió en una noche santa y sagrada, sin abandonar por eso su aura mágica.

DESDE EL PUNTO DE VISTA CIENTIFICO:
Solsticio de verano y de invierno

Hay dos momentos del año en los que la distancia angular del Sol al ecuador celeste de la Tierra es máxima. Son los llamados solsticios. El de verano es el gran momento del curso solar y -a partir de ese punto- comienza a declinar, cuando el Sol toca el máximo alejamiento hacia el norte. Es decir, en nuestro caso, República Dominicana, si usted se fija en la sombra suya el 21 de junio al mediodía, notara que se proyecta al sur…días antes y después lógicamente no solamente ese día….pero en la medida que pasan los meses, llegará el momento que la sombra se proyecta al norte….en diciembre y meses siguientes.

Todo eso se debe a que el Sol como que se inclina al norte o al sur durante el transcurso de un año…todo eso es debido, realmente, a la traslación del planeta en torno al Astro Rey, con su Eje apuntando siempre hacia un mismo lugar, trayendo como consecuencia que la luz solar incida más en un hemisferio que en otro durante un tiempo, y luego invirtiendo el asunto…pero el movimiento aparente es que es el Sol quien se desplaza.

El Sol sale todos los días por el este, no hay dudas, pero lo hace un poco inclinado hacia el noreste o sureste. Solamente, y en dos ocasiones, septiembre y marzo, lo hace justo por el este franco.

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