Opinión

“O cambiamos o nos cambian”

Aquiles Olivo Morel

Todos los gobernantes de América Latina (AL) se encuentra atónico por los últimos acontecimientos escenificados por el pueblo chileno, miles de ciudadanos de ese país ocuparon la principal plaza, en lo que parecía un hecho fugaz, con el cual se oponían al alza de los pasajes del metro de Santiago de Chile, su capital y principal centro económico de una economía que a lo largo de estos últimos años ha sido la admiración de quienes se embarcan en la idea de impulsar el desarrollo a través de una planeación abarcadora y de largo alcance.

A pesar de que al paquete de medidas económicas se le dio hacia atrás,  las olas de protestas encabezadas primordialmente por estudiantes no cesan, en lo que puede considerarse como un giro más allá de la oposición,  a las simples medidas económicas del alza del pasaje.

Los muertos, 18 cuantificados hasta el momento, envuelve a la nación suramericana en una brumosa realidad donde emergen otras insatisfacciones acumuladas por el modelo económico consideradas como demandas: Las pensiones, por ejemplo, un modelo admirado por muchos de la seguridad social no alcanzan para cubrir el retiro de los trabajaros quienes, en los últimos años se esfuerzan para poder cubrir sus más elementales necesidades básicas.

En una extraña mezcla, tanto los trabajadores, los estudiantes y el pueblo chileno en su conjunto descubrieron en medio de las  protestas airadas que ese modelo de sociedad alcanzó una especie de agotamiento, nadie parece encontrar en el mismo las bonanzas de esa imagen internacional, con la cual Chile ingresó al exclusivo circulo de la OCDE, una organización reservada para aquellas naciones donde el desarrollo se aposento a todos los niveles en la sociedad.

A nadie le gusta, por ejemplo, el modelo educativo donde apenas un 30% de los estudiantes procedentes de la escuela pública se le posibilita el ingreso a las universidades; tampoco, se encuentran satisfechos con las atenciones sanitarias; mucho menos,  con el sistema de pensiones; tampoco con el acceso a los hospitales de alta complejidad; los chilenos que ocuparon las calles en una concentración estimada en un millón de personas asombrando al mundo por completo no sienten que su país marcha bien.

La gran mayoría parece sentir la presencia de una corporación  dirigida desde el propio gobierno controlando ese sostenido crecimiento económico; las elites no fueron capaces de mirar el origen europeo de gran parte de la población chilena,  esperan  como los franceses, españoles y los propios alemanes disfrutar al final de los beneficios de las empresas en la edad de retiro; los chilenos que hoy se encuentran en las calles parecen haber despertado de un largo letargo; sus sueños de convertirse en un país del primer mundo no parece haberse logrado.
Para algunos la regla de juego ha venido cambiando y se exige un rediseño de las políticas públicas; los ciudadanos exigen participación en este nuevo orden aun por emprenderse y lo expresan a través del auge de las redes sociales; gobernar, por ende, se torna cada vez más difícil; las ampliación de los beneficios de los crecimientos  no son suficientes para quienes fueron los protagonistas de estas violentas protestas; en Chile, por señalar algunas cifras de dominio público: Presión tributaria 23 en la relación al PIB;  salario mínimo estancado: US$435); “A simple vista uno pensaría que Chile tiene condiciones para desplazar en menos de dos años a Costa Rica (US$492) y a Panamá (US$530) de las dos primeras posiciones en el ranking del salario mínimo de la región” .

Existe un consenso en que AL avanza muy lentamente: “cuando finalmente damos un paso, ya el mundo entero dio dos hacia adelante”; no se aprecia que los sistemas educativos se enfoquen en la producción del capital humano para producir suficiente sinergia como para permitir una salto inclusivo; las políticas públicas orientada al bienestar social, dejan cuando no se estropean, grandes vacíos o son insostenibles a corto y largo plazo.
 

Los primeros en encontrarse con la disyuntiva de incrementar la presión fiscal  son los gobiernos quienes se encuentran a la defensiva de los grandes retos planteados, una vez asumen la conducción de las cosas públicas; los países capaces, como los europeos, de distribuir los ingresos en sus sistemas de pensiones impulsaron reformas para establecer un incremento de esta presión, por lo general oscilante entre el 35% y 40%.
 

Por el contrario, en los países de AL la demanda de ingresos para engrosar los nuevos presupuestos son consecuencia de un incremento del Impuesto Selectivo al Consumo denominado IVA, en la mayoría de los países   e ITBIS, en nuestro caso particular; quienes se encuentran en mejores posiciones, apenas alcanzan una presión de un 23% en relación al PIB, dejando una brecha significativa al amparo del endeudamiento externo.
 

Mientras por un lado las políticas económicas impositivas se mantienen prácticamente estancadas; por el otro los gobiernos recurren a facilidades de algunos Organismos Internacionales, los cuales a través de préstamos blandos impulsan las obras de infraestructuras demandas por la población.
 

También, les recomienda pactos sectoriales para abrir lentamente esa válvula de insatisfacciones; en la Republica Dominicana (RD) están en vigor el Pacto Educativo; pendiente el Pacto Fiscal, lo cual supondría mejores ingresos para el Poder Ejecutivo; el Pacto Eléctrico, para disminuir entre otros capítulos financieros, el denominado subsidio, monto este equivalente al de varios ministerios.
 

“El difícil oficio de ejercer el poder” preocupa en todas partes a los gobernantes. La economía y la política no pueden conciliarse muy fácilmente cuando las partes: Gobierno y Gobernados no logran esos denominados consensos; la exigencia creciente de la población y la escasa producción para incrementar el crecimiento económico no parece ser el mayor de los problemas, sino más bien la fragilidad de los modelos económicos muy pocos flexibles para readecuarse de manera concreta en los momentos que se demandan sus acciones; la expresión de “O cambiamos o nos cambian”, resume la idea de que hay que dar respuestas en el tiempo apropiado y no esperar la ola mortífera de los estallidos sociales.

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