Editorial

¡Obreros, uníos!

El Día Internacional del Trabajo, que se conmemora hoy a nivel internacional, sorprende a la clase obrera en un momento aciago, no a causa de la proverbial explotación del hombre por el hombre, sino por los devastadores efectos de la pandemia del coronavirus que ha devorado millones de empleos en todo el mundo.
La Organización Mundial del Trabajo (OIT) estima que entre abril y junio de este año se perderán 195 millones de puestos laborales a tiempo completo, equivalente al 6,7% de las horas disponibles de trabajo a nivel global.
Esa agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierte que 4 de cada 5 trabajadores a nivel mundial ya están sufriendo las consecuencias de los confinamientos totales de ciudades enteras que muchos gobiernos se han visto forzados a imponer.
Sólo en Estados Unidos se han perdido 26 millones de empleos en poco más de un mes, por lo que se estima que el nivel de desocupación alcanza un 20%, muy superior al provocado por la crisis de la burbuja hipotecaria en 2008.
Para que se tenga una idea de lo difícil que resulta reponer un puesto de trabajo, hay que decir que la economía de EE UU tardó diez años para generar diez millones de empleo y ha perdido 26 millones en solo un mes, razón suficiente para afirmar que la clase trabajadora no tiene motivos por los cuales festejar esta fecha.
En República Dominicana, más de 700 mil trabajadores formales han sido suspendidos por sus respectivas unidades productivas, pero una cantidad mucho mayor ha quedado cesante en el sector informal paralizado también por la pandemia.
Hoy no se habla de mejores condiciones de trabajo para la clase obrera, ni que la economía genere más empleos; las preces se elevan en esta fecha para que millones de hombres y mujeres recuperen su medio de vida, para lo cual gobernantes y empresarios deberán aunar esfuerzos para conjurar una crisis inédita y catastrófica.
Aun con tantos presagios de pesares, vale la pena proclamar que hoy como ayer, el futuro pertenece a la clase obrera, a todos aquellos que con el concurso de su fuerza de trabajo y habilidades tendrán la misión de superar los daños materiales causados por la COVID-19, por lo que como nunca, hoy resulta válida la frase aquella de “¡Obreros del mundo: uníos!”

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