Editorial

Ojalá evitarlo

Aunque resulte arriesgado decirlo, las tensiones generadas entre Estados Unidos e Irán por la muerte del general iraní Qasem Soleimani, en un ataque estadounidense en Irak, no parece conducir a una guerra frontal.

Es claro que es una contribución a la elevación de un conflicto multicausal en el Medio Oriente. Resulta tan complejo el asunto que algunos concluyen que quien dice entenderlo es porque no se lo han explicado bien.

Sin embargo, es obvio que la situación altera la paz universal y la economía. Y que lo más probable es que desemboque en acciones terroristas cometidas por fieles y fanáticos dispuestos a inmolarse.

Roguemos porque así no terminen las cosas y podamos evitarlo. Vivir al acecho asusta.

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