Editorial

Oleaje de feminicidios

Nueve mujeres han sido asesinadas en los últimos nueve días, ocho de ellas a manos de exparejas, escandalosa cifra de homicidios que muestra a una sociedad estremecida por un oleaje de feminicidios que se extiende por casi todo el territorio nacional.

En un solo día se reportó la muerte de tres damas, una degollada por su marido, en La Vega; otra encontrada sin vida atada de pies y manos en Cabarete y la tercera muerta a machetazos, en Boca Canasta, Peravia.

El móvil del asesinato de Patricia Ann Anton, la profesora italo-estadounidense, amordazada y asesinada en el interior de un apartamento, habría sido el robo, aunque sus asesinos se aprovecharon de su condición de mujer y de que estaba sola al momento de perpetrar el crimen.

Estado, Gobierno y sociedad están compelidos a unir esfuerzos para contener esta espiral de asesinatos y violencia contra mujeres perpetrados por hombres despechados o por razón de género, que amenaza con asentarse como una arraigada y tenebrosa costumbre que sería difícil de extirpar.

Se resalta como provechosa la iniciativa de la Procuraduría General de la República de instalar centros conductuales para hombres agresores, así como unidades de atención integral de violencia intrafamiliar y delitos sexuales, a los fines de reducir la incidencia de los crímenes de género.

Se requiere también extender el programa de centros de acogida a mujeres abusadas que ejecuta el Ministerio de la Mujer, lo que ha permitido que centenares de víctimas de violencia intrafamiliar puedan guarecerse en esos refugios.

Para contener los feminicidios se requiere de vastos e intensivos programas de educación ciudadana destinados al fortalecimiento de la familia y a la resolución de conflictos intrafamiliares o de parejas, así como acciones de carácter preventivo asumidas por autoridades y sociedad civil.

Lo que nunca debe faltar en la lucha contra ese flagelo es el régimen de consecuencia o aplicación drástica de la ley penal que estipule claramente que cualquier hombre que agreda o que intente agredir a una mujer vaya a parar con sus huesos a la cárcel con el máximo de la pena estipulada en el Código Penal.

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