Otra visión del discurso inaugural de Trump 1-2

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RESUMEN
Rafael A. Escotto
El hecho de que el presidente Donald Trump haya iniciado su trascendental discurso de ascensión al poder del país más poderoso del mundo con un simbolismo tan impresionante como es: «La Edad de Oro de Estados Unidos comienza ahora mismo», abre un abanico de confianza psicológica hacia el interior de una nación que al momento de su asunción a la Casa Blanca lucía un país confundido y deseoso de superar ciertas etapas anímicas que estaban entorpeciendo los desarrollos sociales y materiales proverbiales en un pueblo dinámico y tenaz, como el estadounidense.
Tenemos que admitir, aun habiendo votado en contra del Partido Republicano (PR) en las elecciones presidenciales recién pasadas, que este discurso estuvo bien estructurado por una mente experimentada en el arte de escribir esta clase de disertaciones, pues fueron tomados en cuenta todos los ejes temáticos de organización de los contenidos imprescindibles en el discurso para jefes de Estados; tiene una entrada con un mensaje psicológico bastante alentador e impresionante.
Desde lo estrictamente mercadológico, la alocución intenta llevar a la mente del pueblo estadounidense y, parece que lo logró, la idea de que el presidente Donald Trump está en capacidad de devolverle la prosperidad y el auge socioeconómico por el que siempre ha sido conocido y respetado Estados Unidos, al decir: “Dios me salvó para que Estados Unidos sea grande de nuevo”.
Otro aspecto importante que habría que destacar en este discurso, es el que enfatiza que: «Estados Unidos será pronto más grande, más fuerte y mucho más excepcional que nunca. Vuelvo a la presidencia…»
Con estas dos afirmaciones, muy bien logradas ambas, desde el punto de vista de un discurso de toma de posesión, el redactor de esta pieza trata de llevarle a la mente del pueblo estadounidense y del mundo, que el presidente Trump vendría siendo aquel hombre providencial que representó San Agustín, que luego de su conversión, fue obispo de Hipona y dirigió una serie de luchas contra la herejía.
En sentido estricto del escritor era transmitir al pueblo estadounidense a través de una alocución que Donald Trump es un instrumento de Dios, cuya misión es, en esta oportunidad, la de rescatar una nación (Estados Unidos) que se volvió excesivamente permisible.
Para enfocar su discurso al tema de los inmigrantes, el presidente utiliza e incorpora estratégicamente la siguiente expresión, a manera de manipular las emociones de la población contra la inmigración ilegal, obviando otros hechos que podrían estar incidiendo de manera relevante en contra de otros desarrollos sociales, educativos y de salud:
«Tenemos un gobierno que ha dado financiación ilimitada a la defensa de las fronteras extranjeras, pero se niega a defender las fronteras estadounidenses o lo que es más importante, a su propia gente.»
Ciertamente, la preocupación del presidente Donald Trump es válida, en tanto y cuanto la inmigración puede tener efectos tanto positivos como negativos en la economía de un país. Por un lado, los inmigrantes suelen ocupar puestos de trabajo que la población local rechaza, contribuyendo así al crecimiento económico. Por otro lado, también puede generar tensiones en el mercado laboral y aumentar la competencia por empleo.
En el discurso se recurre al miedo como una fuente poderosa de activación del respaldo contra la inmigración, veamos este párrafo: «Tenemos un gobierno que…no protege a nuestros magníficos ciudadanos estadounidenses respetuosos con la ley, pero proporciona santuario y protección a peligrosos delincuentes, muchos de ellos procedentes de prisiones e instituciones psiquiátricas que han entrado ilegalmente en nuestro país desde todo el mundo.»
No cabe duda que la inmigración ilegal puede influir en la estructura social de un país, afectando aspectos como la demografía, la educación, la salud y la cohesión comunitaria. La migración plantea desafíos políticos en términos de políticas de integración, gestión de flujos migratorios, control de fronteras y protección de los derechos de los migrantes. La respuesta de los gobiernos a la migración puede variar ampliamente y puede influir en la percepción pública sobre este fenómeno.





