Editorial

El país bajo la lupa haitiana

Un Observatorio de Migración y Tráfico Transfronterizo ha sido creado en Haití para notificar, documentar y denunciar los casos de trata de personas en la frontera con nuestro país.

En apariencias, se presenta como una iniciativa noble, humanística y plausible, inspirada en la defensa de los derechos de los migrantes haitianos, lo que no tiene, per se, nada de objetable.

Si esa fuese la intención real, podría ser vista como un excelente radar para detectar a los responsables que desde Haití mueven los hilos del tráfico ilegal de personas y de contrabandos de todo género.

Son los famosos “coyotes” que, en su lucrativo pero inhumano negocio, actúan con la complicidad de militares y civiles que trabajan en la frontera para facilitar su ingreso ilegal al país.

El negocio es tan floreciente que, mes por mes, las autoridades dominicanas tienen que devolver a Haití a millares de los intrusos. Y pese a todo, reinciden en sus tentativas.

Se dice que el observatorio instalará “observadores” a lo largo de la línea fronteriza para “observar los hechos, documentar los casos de trata y analizar los datos para evaluar la aplicación de los instrumentos internacionales de derechos humanos”.

En pocas palabras, para denunciar los casos ante organismos internacionales y reclamar las debidas sanciones, tratándose de un crimen de lesa humanidad que, de seguro, descargarán contra dominicanos, no sobre los “coyotes” haitianos.

Lo previsible es que tal observatorio no “observará” ni documentará el tráfico creciente, también pagado, de miles de haitianas que vienen a parir gratis en los hospitales dominicanos, ni los burdos intentos de miles de ciudadanos de ese país que violan las leyes migratorias dominicanas, cruzando sin papeles hacia este lado.

No puede pasar por alto el Observatorio que en los primeros siete meses de este año, se produjeron casi 40,000 nacimientos de niños haitianos en nuestro país, sin costo alguno para sus madres, migrantes indocumentadas. La caridad dominicana no distingue esa condición. La asume, como no lo hace Haití.

Nos gustaría saber si el nuevo Observatorio se interesará por cuantificar el monto de millones de pesos que el país cubre por esos partos, y si está dispuesto a promover, entre los países que pregonan ser amigos de Haití y las entidades que, tras bambalinas, les dan la cuerda, que compartan parcial o totalmente ese gasto, de manera que el objetivo de proteger los derechos de los migrantes sea auténtico, no sesgado por los recelos y prejuicios de antaño.

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