Opinión

Pandemia del coronavirus: gran desastre natural

OEl recién concluido mes de marzo pasará a la historia universal como el mes más letal de los últimos 100 años, después de la gripe española y después de la Segunda Guerra Mundial, pues, lo que comenzó como una epidemia local en Wuhan, se convirtió en pandemia mortal cuando se extendió por la Europa continental, por la América continental, y por el resto del mundo occidental, logrando contagiar ya a más de 1,300,000 personas a nivel global, donde el 60% de los contagios se ha producido en los últimos 10 días, y como cada día los contagios están creciendo en 100 mil, se espera que para principios de la semana próxima hayamos llegado a los 2 millones de contagios a nivel global, y superemos las cien mil muertes, lo que indica que la pandemia del coronavirus ya está adquiriendo categoría de gran desastre natural, y como tal se debe tratar.

Para una parte de la sociedad, un desastre natural se produce cuando hay liberación, e impactos sobre la población, de grandes fuerzas de la naturaleza, como vientos de tormentas o huracanes, daños por lluvias torrenciales que acompañan a tormentas y huracanes, destrucciones ocasionadas por las fuerzas sísmicas liberadas abruptamente en forma de terremotos, o cuando los terremotos, o los grandes derrumbes de taludes marinos, desplazan una gran masa de agua que al viajar a 800 kilómetros por hora impacta y destruye, como tsunami, zonas costeras pobladas; o cuando un volcán entra en erupción explosiva, o cuando las lluvias saturan los poros de una ladera inestable y le hacen colapsar y arrastrar a comunidades emplazadas en medio de esa ladera, o al pie de esa ladera; o cuando un incendio no se puede controlar y logra devastar toda una gran extensión boscosa o habitacional.

Sin embargo, aunque la historia universal recoge los desastres dejados por terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, grandes incendios y grandes deslizamientos, las pandemias son más temidas que cualquier furia de la naturaleza estrellada sobre cualquier sociedad, sin distinguir su nivel de riqueza o pobreza, pues mientras los desastres tradicionales impactan durante pocas horas en regiones limitadas del planeta, las pandemias impactan durante meses a todos los rincones terrenales y someten a la sociedad global al pánico general, al aislamiento total y al enclaustramiento familiar derivados del potencial contagio mortal, por lo que termina siendo peor que cualquier desastre natural convencional.

Basta observar el pánico colectivo que se vive en Italia y en España, países donde se han llegado a reportar más de 8 mil contagios por día y más de mil muertes por día, por lo que las camas de los hospitales son insuficientes para la alta cantidad de contagiados que requieren ser internados, las morgues son insuficientes para la alta cantidad de muertes, y las funerarias se quejan a diario de sus limitaciones para cubrir tantos servicios funerarios en solitario.

Pero el caso más reciente y más preocupante es el de Estados Unidos, país que por décadas ha ocupado el liderazgo global donde todo país quiere estar, y, no obstante su poderío económico y tecnológico, de repente se ha colocado como el país más afectado por el coronavirus, logrando acumular en apenas 2 semanas más de 350 mil contagios, y casi 10,000 muertes, con pronósticos aterradores que han sido presentados por el propio Presidente del país y por gobernadores estatales, como el gobernador de New York, ya que New York, la ciudad más cosmopolita y más popular del territorio continental estadounidense, se ha convertido en el principal foco explosivo de toda América, acumulando cerca de 150 mil casos positivos de coronavirus en apenas 2 semanas, y donde la falta de camas y ventiladores respiratorios son una deficiencia ya señalada como limitante para atender casos de neumonía agravada.

Los pronósticos en Estados Unidos son lúgubres en función de que las curvas de contagios crecen de manera exponencial, sin parar, obligando al 98% de los estadounidenses a mantenerse en sus hogares, y ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial la población estadounidense vivió el actual pánico general, conscientes de que están viviendo en medio de una pandemia que supera cualquier expectativa de un mega terremoto en California, o de un mega huracán en los estados de la costa del golfo de México y de la costa este, por lo que los recursos económicos ya aprobados, del orden de 2.2 billones de dólares, superan, por mucho, la cantidad de recursos que habría que erogar ante un desastre natural convencional, con la diferencia de que el corto tiempo de impacto caracteriza al desastre natural convencional, mientras esta pandemia ya lleva 3 meses y no se sabe cuándo podría parar.

Sin lugar a dudas que el mundo se está enfrentado al peor desastre natural que hemos tenido después de la Segunda Guerra Mundial, y así debe verlo cada país, cada gobierno, cada médico, cada emergencista, cada socorrista, cada funcionario público y cada ciudadano, por lo que se impone que en lo adelante los países aborden el coronavirus con la categoría de un gran desastre natural global, y no sólo como una pandemia convencional.

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