Editorial

Panorama prometedor

El profesor Bosch, en sus mensajes a la población dominicana, decía con frecuencia que “nunca es más negra la noche que cuando va amanecer”. La decisión del expresidente Leonel Fernández de renunciar al PLD y formar tienda aparte, se ve en principio como una expresión de una profunda crisis que hace incierta la perspectiva política. Sin embargo, abre una saludable oportunidad para el avance de la democracia dominicana.
Se dice que el PLD es un partido-estado que ha controlado todos los poderes políticos, convirtiéndose en partido hegemónico, siguiendo los designios de la Ley del monopolio que en el capitalismo opera tanto en el mundo de las empresas, como en el mundo del sistema partidario.

En esas circunstancias el partido-estado alcanza la categoría sociológica de la clase gobernante, como expresión política de la clase dominante. Y eso es lo que en gran medida y con eficacia ha construido el PLD en más de dos décadas de dominación partidaria.

Pero esa dialéctica de las clases generó su propia contradicción, diferenciando la facción que encabeza el Presidente Medina de la facción que encabeza el expresidente Fernández, quienes han sostenido una lucha por el dominio que finalmente ha desembocado en la división anunciada por Fernández.

Con ese desenlace surge un nuevo panorama prometedor para el fortalecimiento de la institucionalidad democrática. Claramente este nuevo panorama crea tres fuerzas partidarias y de poder fáctico, a la que se le uniría una cuarta encabezada por el joven alcalde de Santo Domingo, apoyado por la familia más poderosa del país y que de negociar con cualquiera de las otras tres fuerzas u opciones electorales, podría inclinar la balanza a favor de aquella opción que negocie con ese gran poder fáctico.

Ese previsible resultado se hace más factible en esta fase de democracia clientelar, donde predomina el criterio de que “el dinero elije” en vez del lema democrático de que el “pueblo elije”, tal como quedara demostrado en las pasadas primarias donde se impuso el dinero y la compra de conciencia.

En ese juego político habría más equilibrio entre las tres o cuatro fuerzas y en consecuencia habría más equidad y competitividad, lo que haría más democrática la competencia primero por la conquista de la presidencia, así como por las posiciones del Congreso y de los Municipios.

Equilibradas las fuerzas, sobre todo en los Ayuntamientos y en el Congreso, se habrá de producir un clima favorable para la concertación, el consenso y la negociación entre las fuerzas representadas, en materia de iniciativas como el presupuesto, el endeudamiento y cualquier otro tema de alto interés nacional. Se fortalecerá la labor legislativa y la función de fiscalización del Congreso, creándose un ambiente favorable también para combatir la corrupción y la impunidad. La Justicia también podría salir beneficiada, haciéndola más independiente del Poder Ejecutivo, todo ello por efecto de la ruptura de la ley del monopolio.

Como se ve, el nuevo escenario favorece una mayor democracia y un mayor fortalecimiento de la institucionalidad basada en la Ley. Asimismo, el cambio se produciría sin necesariamente cambiar de partido, aunque este cambio se hace más real y factible.

Veamos, pues, el nuevo panorama con optimismo, porque abre la oportunidad para el fortalecimiento de la democracia dominicana.

¡Así que el cambio va con cualquiera!     

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