Editorial

El Papa encara a los pederastas de la Iglesia Católica

En su incansable trabajo de descorrer los velos que han tapado, por años, los pecados de la Iglesia, el Papa Francisco acaba de ordenar que se elimine el secreto pontificio sobre los casos de abusos sexuales de los sacerdotes, no importa su jerarquía.

Esto significa que las denuncias, procesos y decisiones atinentes a estos abusos sexuales, no serán protegidas u ocultadas por la cúpula de El Vaticano, en línea con el pronunciamiento del Papa en octubre del 2018 de que “no serán tolerados” estos reprensibles episodios.

“Tanto los abusos como su encubrimiento no pueden ser tolerados, y un trato diferente para los obispos que los cometieron o los encubrieron representa una forma de clericalismo que ya no es aceptable”, proclamó en aquella ocasión.

Desde entonces, ha habido una coherente y marcada orientación papal hacia la denuncia, repudio y castigo de los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes, que también abarca ahora la pornografía.

En esta última instrucción sobre la suspensión del secreto pontificio o manto de silencio y confidencialidad sobre los abusos sexuales, el Papa ha ordenado endurecer el delito sobre posesión, adquisición o divulgación de material pornográfico de menores de 18 años en que hayan incurrido miembros del clero.

Con todas estas medidas, la Iglesia sigue dando pasos firmes para su verdadera profilaxis, eliminando de su seno las manzanas podridas que afectan la marcha de su peregrinaje por este mundo plagado de aberraciones humanas.

Las continuas denuncias de casos de sacerdotes pederastas, como el escandaloso ranking de Los Legendarios de Cristo, provocan que mine la confianza y la fe de los católicos en su santa Iglesia.

Enhorabuena, entonces, la valiente disposición papal. Tras ella, no pueden ni deberían quedar ocultos, en nuestro país, delitos semejantes que se comentan “sotto voce” en los mentideros.

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