Opinión

Parlacen… Parla-nada

Lo que le faltaba a ese organismo internacional: evidenciarse como una cueva para asegurar inmunidad… en realidad, dar impunidad –aunque sea temporal– a políticos.

El filósofo inglés, Sir Francis Bacon, dijo hace poco más de cuatro siglos, que Lo malo cuando se finge buenoes pésimo. En ese punto se encuentra el desprestigiado Parlamento Centroamericano (Parlacen), que a lo largo de las últimas tres décadas insiste en ser una institución buena y necesaria, pero en la práctica, solamente ha demostrado que es un grotesco elefante blanco, que no sirve para otra cosa, más allá de cobijar a políticos marrulleros o de segunda categoría, sin aportar nada a ninguno de los países que lo integran, mucho menos a la región.

Sobre su absoluta inoperancia todo el mundo sabe. Desde su inicio, allá por el año 1991, se ha comprobado fehacientemente que es un ente que no sirve para nada. Si bien es cierto se crea sin la fuerza suficiente para promover de manera práctica la integración centroamericana, el foro regional ha sido incapaz de promover cualquier reestructuración que pudiera convertirlo en una instancia que, al menos, pueda aportar algo a los esfuerzos regionales.

En vez de eso, se ha limitado a ver pasar, una y otra vez, a políticos mediocres, oportunistas o a aquellos que necesitan de un marco de inmunidad para que la mano de la justicia no los alcance. Ese es el caso que hoy nos ocupa.

Ha quedado demostrado que su principal función, para la cual sí es efectivo el Parlacen, es la de asegurar ese marco de impunidad que protege a algunos de los señalados por actos de corrupción u otros delitos. Si no, basta con ver la vergonzosa actitud asumida por la Junta Directiva –encabezada por el exrector de la Usac, Alfonso Fuentes Soria–, que hizo, hasta lo imposible, para realizar una sesión absolutamente inusual y juramentar apuradamente a Jimmy Morales y a su colega Jafeth Cabrera, quienes fueron recibidos a huevazos por un grupo de estudiantes indignados –válidamente–, por lo que estaba sucediendo.

La juramentación de nuevos diputados debiera ser algo que ocurre en agenda normal. Nunca hemos visto –por ejemplo– a los diputados de Parlacen, actuar, aunque sea con discursos o resoluciones, en defensa de los migrantes centroamericanos que sufren atropellos en Estados Unidos y ahora en México. Tampoco hemos visto que se promueva nada concreto para que se mejore la integración centroamericana, esa que, en definitiva, debiese ser la esencia de su existencia.

En vez de eso, Fuentes Soria llevó al extremo de lo ridículo al Parlacen. Nos hizo ver ¡de nuevo!, que no sirve para nada.
¿Para qué es lo ÚNICO que sirve el Parlacen? Veamos:
–Para dar INMUNIDAD a sus miembros. (En realidad es IMPUNIDAD).
–Para darle a cada uno de sus diputados, pasaporte diplomático.
–Pagarles sueldos jugosos y un seguro médico.

¿Algo más para lo que los centroamericanos sintamos que es bueno el Parlacen? ¡¡¡Nada!!!

Si, debiera dar vergüenza ser miembro del Parlacen, más aún sabiendo que para lo único que SÍ funciona, es para garantizar la impunidad en todo lo que puedan hacer sus miembros. ¿Para eso queremos que exista un Parlamento Centroamericano, en el que, por cierto, jamás se abordan los grandes temas que afectan a la región. Son una partida de vividores los que quieren llegar a esa instancia, dizque para contribuir a la integración. Nada que ver. Son casi treinta años en los que no han dado, pero ni siquiera, un paso medianamente significativo en esa dirección.

Para comprender mejor la vergonzosa huida del venido a menos Jimmy y su achichincle Jafeth, no cabe más que pensar que se hablaron entre compadres, con Fuentes Soria, para que les sirviera en bandeja de plata la anticipada juramentación como diputados. ¿Y por qué los demás parlamentarios del Parlacen lo aceptaron?… muy sencillo, porque son coyotes de la misma loma.

No se ha escuchado ninguna voz de diputados centroamericanos criticando que la institución sea, como le dicen muchos, una cueva de ladrones, y no se escuchará, sencillamente porque actúan como compadres, que se quieren proteger unos a otros.

Y para cerrar con broche de oro, se elige a Nadia de León Torres –¿había escuchado antes ese nombre?– como nueva presidenta del Parlacen. Ella es, nada más y nada menos, que la hija de Sandra Torres –ningún otro mérito–, desconocida, pues nunca ha hecho nada por sí sola para decir que es alguien de valía. Ese es el poder de lo que yo llamo la clase política, esa clase que domina el quehacer político de nuestros países y nos mantiene sumidos en la pobreza y corrupción.

¿Para qué sirve el Parlacen? La respuesta no es difícil de responder: ¡Para nada! Quien opine lo contrario, que lo haga con hechos: que diga algo que han hecho a favor de la integración. Que explique por qué no hacen nada en defensa de los inmigrantes. Que diga qué beneficio ha tenido cualquier ciudadano de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana por el trabajo del Parlacen… a mí, me daría vergüenza ser diputado de ese parlamento inútil, incapaz, pusilánime, costoso e indecoroso Parlamento Centroamericano. ¿Y a Usted?

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