Opinión

Partidos políticos, el peor negocio

Por: Valentín Medrano Peña.

“¿Autónomo? Eso es el Ministerio Público constitucional y legalmente. ¿Cuál es el tipo de autonomía que quieren? ¿Cómo la de organizaciones que reciben direccionamiento y fondos de gobiernos y corporaciones foráneas? Ya ustedes son gobierno y todo cuanto apoyen será, no por bueno”. (Twit).

Vivimos en un mundo que otros dirigen, aún cuando somos un ensayo nunca terminado de nación, las grandes cosas no se trazan desde aquí. Un día nos levantamos con la sorpresa que una serie de leyes enlatadas, pensadas, producidas y redactadas por cónclaves regionales o mundiales deben ser puestas en vigencia para ¿mejorarnos?.

Los ejes transversales del todo vivencial nos es impuesto. Y vivimos cediendo identidad y cultura y medios de producción por unas brillantes cuentas de vidrios hipnotizantes.

Somos conejillos de Indias de experimentos de poderosos y nos creemos el cuento de que algo que llaman voto y que solo sirve en algo que se llaman elecciones tiene un valor decisivo. Todos somos prisioneros, unos en Alaska y otros en los pasillos, algunos de confianza y otros subpresos procurando ser perdedores pues La Victoria sería aún peor.

La Constitución del 2010 constitucionalizó a los partidos políticos disponiendo para ellos la condición de órganos de la ley suprema. Pero quizá los hilos que mueven a los titiriteros, que a su vez nos mueven, en un incepción de un sueño de otro sueño, procuran hacer desmedrar a estos órganos. El partido político ha devenido en mal negocio, en secundón, pues lo que ahora conviene es formar una organización de la denominada sociedad civil, que por lo regular recibe fondos de gobiernos y organizaciones regionales o grupos corporativos empresariales, que puede estar inscrita en el presupuesto local y recibir también fondos, ¿por hacer qué? Criticar para posesionar, desposesionar, coincidir y disentir de gobiernos y partidos políticos, apoyar y no apoyar y en cualquier caso, cobrar lo de los presupuestos y un botín-cuota de participación en los puestos de la administración pública y en los de los demás poderes y órganos.

Ser miembro de una de estas organizaciones es más lucrativo y beneficioso que ser un genio o un político quemado en las lides del activismo político, y representa un currículum mayor que una maestría en Harvard o Yale. Siempre ocuparán puestos.

Por ejemplo la organización “apartidista” Participación Ciudadana, que es un árbitro acompañante en las elecciones de la Junta Central Electoral y cuyo dictamen reviste especial importancia, resultó ser juez y parte del conflicto bélico electoral, y de hecho en la práctica cobró o cobrará más que cualquiera de los partidos políticos aliados de los ganadores o de cualquier facción interna del partido que ganó las elecciones, claro está que algunos estupingenuos, se creerán el cuento de que sus propuestas y puestos directos anunciados devienen del pluralismo, democracia y apertura del nuevo incumbente del ejecutivo, que extrañamente hace oídos sordos a los consejos de sus partidarios y acoge gustoso las sugerencias de “la sociedad civil”.

A decir de los ya esperados twitsnombramientos del electo Presidente de la República, a esta organización ya le otorgaron el importantísimo Ministerio de Relaciones Exteriores, la Dirección de Compras y Contrataciones y le concederán de seguro la Procuraduría General de la República, para lo que debió preceder todo un procedimiento de desmeritación de los abogados de su organización política, hoy todos bajo sospecha.

Lo obtenido por Participación Ciudadana es más de lo que obtendrá la Fuerza del Pueblo que con su escisión del PLD contribuyó al triunfo del PRM, y así los demás partidos minoritarios que levantaron la bandera del PRD sin jacho que levanta el pulgar al aire.

Eso huele raro, llama a una profunda reflexión, porque ó hay una línea trazada desde fuera para hacer colapsar a los partidos políticos como vehículos de ascensión al poder, ó el gobierno que inicia está demasiado maniatado como para disponer a sus libres de la designación por medio a la meritocracia de sus propios copartidarios, es decir que los acreedores no son quienes reciben los óbolos sino que éstos actúan como mandatarios o apoderados de los verdaderos cobradores.

Este escrito está cargado de múltiples disquisiciones e incongruencias intencionales, creaciones de términos y errores, como el que dice uno de los cabezas de Participación Ciudadana en el twit que respondiéramos y have encabezado del presente escrito. Que quieren un Fiscal anticorrupción autónomo, según el artículo 170 dice que el Ministerio Público goza de autonomía funcional, administrativa y presupuestaria, así que no entendemos si es por suecos o por interesados que plantean este desaguisado.

Quiero finalizar con la siguiente dicotomía de Participación Ciudadana y algunos de sus colaboradores y caja de resonancia, y que pasa desapercibido porque es tiempo de aplaudir para ver si nos toman en cuenta en la repartición de puestos. Propone una persona como Procuradora para que sea independiente del Presidente, pero le piden adjunto al presidente que designe a alguien específico en el PEPCA, cuya designación corresponde al Consejo Superior del Ministerio Público, no siento potestativo del Presidente, a quien con ello le piden que violente la farsa de independencia que quieren vendernos. Y no diré más. Solo me sentaré a esperar las críticas de intolerantes radicales.

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