Editorial

Pasos para el diálogo

La iglesia católica reiteró ayer su llamado a un pacto por el buen curso del proceso electoral, que cobra más apoyo con un movimiento empujado por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep).

Hay en la población la comprensión de que se necesita algún acuerdo para saldar la crisis desatada por el fallo del sistema de voto automático y la suspensión de las elecciones municipales.

El domingo, la oposición proclamó la necesidad de un acuerdo político y social que involucre al presidente de la República como parte actuante del proceso.

Todos esos discursos son interesantes. Muy bueno que se hable de la necesidad de un pacto, que los actores privilegien el diálogo a la confrontación.

Parece que hay voluntad en la dirección deseada, pero no está claro quiénes están en condiciones de trabajar para acercar a las partes.

¿Los empresarios, empeñados en esa iniciativa, conseguirán que las partes se reúnan, en la búsqueda de los acuerdos deseados? ¿Están en posibilidad de ser entes de mediación? Habría que ver.

La Junta Central Electoral (JCE), que materializó un diálogo con los delegados de los partidos la semana pasada, después del fracaso de las elecciones municipales, está muy disminuida para liderar una iniciativa de esa naturaleza. Tiene demasiados problemas para envolverse en algo que es esencialmente competencia de los partidos.

La iglesia católica, que contó con el súper mediador Agripino Núñez Collado, no adelanta a nadie con ese perfil que pudiera jugar un rol clave.

¿Tomará el presidente de la República una iniciativa en favor del diálogo? Sería ideal, no sólo por su condición, sino porque ha devenido en el estratega fundamental de la campaña del partido oficial.

Un gran acuerdo antes del 15 de este mes sería de un valor extraordinario para fortalecer el clima de paz para las votaciones.
Pese a las buenas voluntades, persisten las brumas. Los líderes actuales no se cruzan llamadas. No hablan, como ocurría en momentos críticos en la época de los liderazgos históricos de la democracia moderna.

¿Quién o quiénes darán los pasos ciertos para hacer ese diálogo realidad?

¿Un organismo internacional?

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