Editorial

Peligroso accidente

El accidente de tránsito ocurrido en la moderna autopista Autovía del Coral entre un camión y un autobús que transportaba turistas rusos y que dejara decenas de heridos y unos 15 de gravedad, constituye un fatal ejemplo revelador de la lógica que rige el comportamiento institucional y humano en un país subdesarrollado, como lo es el nuestro.

Esa lógica se materializa en una estrategia que intenta integrar y combinar los patrones culturales de los países llamados desarrollados y los patrones de los países de cultura tradicional, lo que desata una dinámica de incoherencias e irracionalidades que se traducen en problemas sociales que en su evolución se agravan.

Siguiendo la estrategia de desarrollar el país a partir de las obras de infraestructuras físicas, tal como la ha impuesto la sociedad de ingenieros, albañiles y ferreteros, los gobiernos han preferido darle prioridad a ciertas obras de infraestructuras físicas, asociándolas a ciertos renglones de la economía para su impulso, como lo es ciertamente el turismo.

De ese modo el país, tal como lo reconocen los estudiosos de la historia de las infraestructuras, ha desarrollado una red vial, en especial en la zona Este y también en el Sur, no así en el Cibao más bien dejado a su suerte, que ha colocado al país entre los países de la región de Latinoamérica más avanzados en materia de una moderna red vial.

Esas realizaciones que son buenas y positivas, sin embargo, no han sido acompañadas con cierta racionalidad o mejor razonabilidad para no ser tan exigentes, del establecimiento de sistemas sociales de autoridad de carreteras, por ejemplo de una autoridad policial de carretera, mecanismo éste que permita adecuar la conducta de los conductores y choferes a las modernas vías que fomentan el turismo como actividad principal de la economía dominicana. Asimismo, esos conductores deben someterse a un reentrenamiento en el cumplimiento de las normas formales del tránsito, mediante la represión a las violaciones a la Ley de tránsito.

Pero más aún, esas modernas obras de la red vial deberían aprovecharse para modernizar a los conductores, mediante un programa de educación vial, no de una campaña publicitaria sin efecto, sino para reeducar a tantos conductores y choferes que conducen por esas vías sin cumplir con las disposiciones para transitar debidamente, y peor aún dispuestos a demostrar su capacidad de violar la Ley y hasta las buenas costumbres.

De esa manera la pauta moderna plasmada en la fantástica red vial, no ha sido seguida por otra pauta moderna y racional para la aplicación de la autoridad que asegure la buena conducción por esas vías, así como del acompañamiento de la educación vial que debieron montarse sobre esa moderna red vial.

El balance de esa incoherencia que subdesarrolla, son los frecuentes accidentes sin control que han hecho al país líder en muertes por accidentes.

El accidente fatal de los turistas rusos, no solo pone en evidencia el choque de lo moderno y lo tradicional o primitivo, sino que pone en riesgo a un renglón que como el turismo es muy sensible a la inseguridad, en este caso vial, lo que refuerza los elementos negativos utilizados por los competidores del país en materia turística.

¡Con las vías, modernicemos la autoridad de tránsito y la educación vial! 

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