Editorial

Pensemos en el campo

Uno de los heridos más graves de esta pandemia es el campo dominicano.

Gracias a numerosos factores, nuestra producción agrícola se había convertido en uno de los soportes de la seguridad alimentaria del país y de pujantes empresas que operan en nuestro medio.

La industria turística, por ejemplo, servía como exportador nato de productos nacionales, todos originarios de nuestro campo, aunque fuesen procesados también en industrias nacionales, pero la pandemia ha obligado al cierre de los hoteles y ahora esos productos no tienen salida.

Lo mismo pasa con el desayuno y almuerzo escolar con los centros educativos cerrados y para colmo, los mercados públicos están sometidos a las restricciones sanitarias que impone la situación.

Todo lo que produce el campo es perecedero. Salvo cuando es procesado, su duración es muy breve, de ahí la urgencia de buscar salidas rápidas a las cosechas, pues mango que no se vende, se pudre. Hay que pensar en las pymes y otros sectores, pero lo del campo es urgente o tendremos problemas.

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