Opinión

Podría Santiago colapsar?

Por: Rafael A. Escotto

«Si esa es la vida. La que nos marca el camino. Que debemos recorrer. Para mal o para bien. A mí me tocó esa ruta. Y que le vamos a hacer. Si hay que perder. Aun no estoy resignado. Déjenme seguir luchando. Que mi deseo es vencer«

Esta canción del compositor y cantante venezolano Reynaldo Armas, en vez de transportarme a un mundo luminoso, me acerca a un laberinto de pasiones políticas la cual trato de descodificar antes las tantas candidaturas que ha motivado la alcaldía del municipio de Santiago para el 2020 después que la ciudad ha venido a representar el modelo de población de limpieza y orden deseado.

Entiendo que la psicología nos afecta a todos porque trata sobre temas universales, como la conducta y la mente humana. Sigmund Freud, nos dice que la inspiración debe ser encontrada por cada uno a su manera, de forma proactiva.  Por otro lado, el psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard Howard Gardner, nos recuerda que la «esperanza« es  la virtud más indispensable, inherente a la condición de estar vivo.

Cuando Freud habló de lo «proactivo« lo que trató de sugerir es que el hombre debe tener un comportamiento anticipativo, orientado al cambio. Pero el cambio por cambiar, solo está en la mentalidad de ciertos políticos latinoamericanos o caribeños;  no se ve si existe en ellos una verdadera acción o interés de reformar. La «esperanza«, en cambio, es simplemente un estado de ánimo sobre lo que se espera como resultado favorable dado por la circunstancia de la vida.

Están los postulantes a alcalde por el municipio de Santiago apostando a esa esperanza de la cual habló Gardner? O quizás estarían jugando a la desmemoria de los electores, a la desmemoria de Eduardo Galeano o estamos viviendo  en El país de la desmemoria que describió Juan Miguel Baquero. No sé, podría ser una o la otra desmemoria. Podría también ocurrir que en el país se haya estado hablando del cuento de Borges sobre Funes el desmemoriado.

Mucho antes a lo expresado por Freud y Gardner hubo un  escultor en Los Países Bajos, Jacques Broeucq, que le rindió un homenaje al optimismo al tallar una efigie a la esperanza. En los mitos y leyendas griegas aparece la historia de la caja que recibió Pandora, hecha por Hefesto, el dios del fuego  y la imaginación, por mandato de Zeus, llena de todos los males.

Quizás estos candidatos a la alcaldía del Municipio de Santiago les tienen a los munícipes de esta hidalga ciudad una caja similar a la de Pandora, con todos los males que ya han sido dejados atrás y que podrían reaparecer en 2020.

Santiago vivió años  de angustias, de oraciones y de  ofrecer penitencia a su Patrón con tal de solucionar la desorganización y la desgracia de tener que vivir entre montones de basuras, el caos del tránsito vehicular en el casco urbano, de un mercado –el de Pueblo Nuevo – que de lo eminentemente comercial y necesario se volvió repugnante y desafiante a la salud mental y física de la población.

Superados estos estados de estrés en medio del cual los santiaguenses debieron andar escondiendo la cara de la vergüenza que les causaba  vivir en una ciudad otrora ejemplo de urbanidad y hasta hace poco, insegura, desaseada y anarquizada,  en la que la delincuencia común la cubrió de miedo, lo mismo durante el día  o la noche, los munícipes sienten hoy el temor de verse expuestos a regresar a aquel castigo psicológico y moral felizmente allanado.

Sería una desgracia para la ciudad de Santiago y sus habitantes mirarse de nuevo en aquel viejo retrato tirado en los desechos sólidos de una ciudad  sin administración edilicia responsable, tan solo observando las promesas de los futuros candidatos a  alcaldes pasar por el boulevard sin detenerse a pensar en un plan indicativo, como el que existe actualmente, que sustente verdaderamente  el ordenamiento lógico al que todo ciudadano aspirar tener en su ciudad.

Me siento, finalmente, en mi viejo diván a soñar aquellos tiempos, que vuelven a mi mente, trayendo en la figura de la ciudad de Santiago aquellos viejos pasajes de esplendor. De pronto me despierto  atemorizado al tener ante mis ojos la Ciudad mugrienta de Borges.

Santiago no debe regresar a los funestos recuerdos de aquella ciudad de los tristes recuerdos de lo que había sido. Oscura, sucia, desorganizada, como el título de la obra de la escritora inglesa Nina Harrigton, Retorno al pasado.

Es preferible que los santiaguenses se queden viviendo el dulce presente de hoy, de un municipio limpio, seguro y placentero, donde las noches en el Monumento a los Héroes de la Restauración son agradables y  durante el día hay una entrega a la dinámica del trabajo y la producción de riqueza, sin nerviosismo ni sobresaltos.

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