Editorial

Por una semana

La racionalidad global y local nos señala, en estos momentos de la pandemia del coronavirus, que la prioridad nacional debe concentrarse en atacar con la mayor eficacia posible el virus que azota a la nación y a la humanidad.

Específicamente y en términos operacionales la meta debe ser llegar al punto máximo de la curva de afectados y fallecidos y comenzar aplanar la curva e iniciar su descenso, de modo que el fenómeno pase a una fase de control hasta su desaparición, para que el país recobre su normalidad.

Con ese propósito, y ante las grandes limitaciones materiales e institucionales que se dan en materia sanitaria incluyendo la ignorancia y la pobreza de la mayoría de la población, condiciones que se hacen más visibles en medio de la pandemia, se hace inminente la necesidad de arreciar, como lo decía el Ministro de Salud, las medidas que refuercen la estrategia del aislamiento y la distancia social, para lo cual resultaría conveniente y oportuno aplicar el toque de queda total, al menos por una semana.

Ante las limitaciones sanitarias aplicar el toque de queda total, sería de las pocas oportunidades que dispondríamos para poder detener la expansión del virus y su exterminio. Hay que evitar que mientras dure el estado de emergencia y de cuarentena, la población comience a relajar la pauta de la distancia social y que se vuelva a las calles como si el coronavirus haya pasado, con lo cual el contagio se recrudecería, produciendo más contagiados y más muertos en una fase descontrolada.

Una semana de toque de queda podría romper la cadena del contagio y hacer que la curva comience su descenso hasta que se pueda volver a la normalidad. A medida que ese proceso de descenso se vaya deslizando en las próximas semanas, se podría programar gradualmente reabrir las actividades económicas y sociales según el criterio de la prioridad.

En esa fase también se podría pasar a reprogramar y organizar la celebración de las elecciones, lo que exige en estas circunstancias un diseño adecuado de campaña y de movilización de electores respetando el criterio de la distancia social, de modo que se mantenga el control del contagio del virus.

Estas líneas de trabajo ordenadas según su prioridad frente a la grave situación que significa la pandemia del coronavirus, son expresiones derivadas de la mentalidad y la cultura occidental, las cuales se edifican sobre la teoría de la racionalidad la que intenta planificar la acción humana articulando los fines diversos y múltiples con los medios múltiples y escasos, adecuándolos a las necesidades humanas y a los límites del medio ambiente natural. Esa teoría en la materialización de la acción racional, combina los criterios de la ética y la licitud, la eficacia y la eficiencia, así como la factibilidad y disponibilidad de los medios, conectándolos con los fines escogidos según las prioridades determinadas por la urgencia y la importancia de los fines, evitando las perversiones del “oportunismo” y el “maquiavelismo”, los cuales atentan contra la racionalidad de la acción humana.

Priorizar las ambiciones políticas y las necesidades empresariales, por encima de la necesidad de la sobrevivencia, constituye un despropósito irracional que atenta contra la vida, la libertad y la democracia.

¡Sí, toque de queda total por una semana!

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba