Editorial

Preocupación por la frontera

El Instituto Duartiano ha dejado claro que no confía mucho en las acciones de autoridades para evitar el ingreso en masa de inmigrantes haitianos más compelidos que de ordinario a cambiar de país por una crisis político-social. La alarma con preocupación porque habría complicidades de autoridades con traficantes que actúan por puntos no habituales y poco vigilados de la línea fronteriza contradice lo que a diario reportan entidades “satisfechas” con la “mucha vigilancia” y las continuas repatriaciones que patrocinan. Pero por doquier y a ojos vista se hace creíble el incremento de la presencia irregular de los extranjeros.

La consabida versión de que numerosos haitianos pisan tierra dominicana tras haber sido obligados a salir en un permanente reciclaje de ida y vuelta siempre ha tenido fundamento. Reforzada por el hecho de que la mano de obra haitiana, legal o no, sigue copando la agricultura y la construcción sin que se cumpla la protección del empleo para dominicanos que manda la ley. El país debe restringir los asentamientos de inmigrantes sujetándose a su real capacidad de absorberlos sin agudos efectos económicos y sociales adversos para el territorio que los recibe. El deterioro de la situación haitiana compromete necesariamente a organismos internacionales y a grandes Estados que acumulan un historial de incursiones multilaterales y unilaterales en la república vecina.

Riquezas extraíbles

El Ministerio de Energía y Minas está empeñado en propiciar la extracción bajo contratos con firmas privadas de hidrocarburos y metales a partir de una mejor protección al derecho de propiedad de la República sobre sus yacimientos y el medio ambiente. La actividad minera libre de perjuicios al interés nacional es factible a partir de unos ejercicios responsables de poder que dejen atrás la época de la entrega dócil de riquezas a particulares.

Esos tiempos tienen que ser superados midiendo cada paso. Nuevas tecnologías permiten llegar con menor impacto que antes a las reservas dormidas que la naturaleza colocó bajo suelos y mares dominicanos. No hay razón para privarse de buscarlas bajo pactos exigentes. Procede extender la minería estableciendo garantías de los mayores beneficios para la nación.

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