Editorial

Preparar terreno para el desafío

La fórmula trazada para hacer posible el año escolar, un tanto compleja para su introducción en la realidad social dominicana, tiene a su favor para aceptarla la rotunda falta de alternativas que eviten contagios a causa de aglomeraciones.

Conlleva llevar un tanto a la carrera a los profesores con deficiencia y a millones de estudiantes a una forma no presencial de aprendizaje que exige familiaridad con métodos pedagógicos y dominio de tecnologías y equipos no empleados antes. Ha de ser un gran desafío sobre todo para el nivel primario de un estudiantado mayormente pobre y de pocos vínculos con tales innovaciones, como se comprobó.

En favor de esta inusitada adaptación cabe admitir la conveniencia de introducir a educadores y educandos en destrezas comunicacionales obligadas en estos tiempos. Lo de estrechar la brecha digital cobra una urgencia inesperada.

Sin generalizar el empleo de computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes y disponibilidad permanente de electricidad, el estancamiento de la enseñanza y la falta de condiciones en la juventud para imperativos del progreso existiría un deplorable vacío. De entrada se comprueba que República Dominicana está atrasada en la masificación de las herramientas electrónicas más obligadas en el mundo.

El desborde propagandístico del anterior gobierno trataba de hacer creer lo contrario mientras se abstenía de crear condiciones para abrir las clases.

Insuficiencia y descoordinación

Los vientos de tormenta con derribo de líneas y salidas de circuitos causaron apagones que en realidad no hacían la diferencia con lo que estaba ocurriendo antes.

Las interrupciones sobre amplios sectores estaban recrudecidas desde semanas atrás. El suministro descendía por falta de coordinación entre distribuidores y generadores con salidas de plantas para mantenimiento sin la activación de unidades de reserva como parte de una adecuada planificación anual.

Además, la administración energética pasada, defraudada por una Catalina que no ha llenado expectativas, recurría sin miramientos a reducir el despacho de energía para generar ahorros en perjuicio de los usuarios que privados del fluido del sistema incurrían en costos y trastornos mayores, hogareños y empresariales. Unos perjuicios que la ley obliga a compensar y nunca se cumple.

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