Opinión

¿Pretende Leonel secuestrar todo el país?

Por: Rafael A. Escotto

A lo mejor, después de todo, Leonel Fernández piensa escribir una novela de suspenso.

Una persona que se crea merecedora del privilegio de recurrir al secuestro de todo un país, no se da cuenta que está realizando un acto inhumano y criminal. El secuestro es una figura odiosa porque ella impide la libertad de forma ilícita tanto de una persona, de un grupo de personas o de un país con el objetivo de obtener un rescate: el poder.

En el caso que nos ocupa, el secuestro político y electoral, cuando es perpetrado de manera forzosa por motivos caprichosos y apremiantes para tratar de conseguir algún beneficio inmerecido, constituye un delito flagrante contra la libertad y la voluntad expresada por la mayoría en las urnas.

Usar esta figura para intentar imponer por obstinación, utilizando recursos o pruebas de naturaleza dudosas, con hostilidades verbales –llamar al pueblo a lanzarse a las calles o físicas, presentándose en  turba frente a la Junta Electoral-, exclusivamente para intentar poner en duda o desconocer unos resultados electorales organizados por una institución con capacidad jurídica y moral para llamar al pueblo a elegir libremente a sus ciudadanos más aptos con el visto bueno de las estructuras partidarias, seria vista como una acción insensata, atropellante y necia.

Aquel que pretenda invocar una falta -como seria, en el caso del delito electrónico o de otra naturaleza, que se le trata de imputar a la Junta Central Electoral por unos supuestos conteos de votos sufragados que perjudicaron alegadamente al expresidente de la República y hoy precandidato por su partido, el de La Liberación Dominicana (PLD) Leonel Fernández Reyna, en unos comicios internos donde participaron varias candidaturas de diferentes partidos políticos, debemos decir que el que demanda tiene la responsabilidad de demostrar lo que persigue.

Por el momento el equipo político y legal del expresidente Fernández Reyna no ha podido probar la falta que reclama, sino que se ha limitado, pura y simplemente, a expresar verbalmente elementos de poco valor demostrativo. Tales alegatos, evidencian, por el momento, un hecho negativo absoluto, de imposible demostración por parte del obstinado querellante.

En este caso, la Junta Central Electoral no tiene que probar nada. Quien tiene la obligación de la carga de la prueba es el equipo de Leonel Fernández, por ser la persona de la demanda quien debe probar la materialización de los hechos que pretende hacer valer. Si no pudiera probar el o los hechos que alega, entonces su demanda será declarada extinta.

Hay reglas categóricas en el derecho que regulan la distribución de la carga de la prueba, o sea, que determinan a quién corresponde suministrar las pruebas de los hechos en que se fundamenta la acción o la excepción. Partiendo de las normas, compete al actor probar los hechos constitutivos, o aquellos hechos que estimen  un derecho a su favor.

Tanto en los Estados Unidos como en otros regímenes jurídicos, las normas de la carga de la prueba tienen una doble dimensión. De un lado, afectan a las partes, porque les señalan la necesidad de probar aquello que afirma y el medio de derecho al que debe recurrir. Y de otro, son los únicos recursos en que el Tribunal se sustenta cuando tiene duda sobre la certeza de los hechos probados  o no probados, porque la prueba ha sido insuficientes o insastictorias.

Hasta ahora, el equipo del expresidente y actual presidente del PLD se ha limitado a formular pruebas subjetivas a base de alegatos para tratar de encontrar el camino a seguir para probar lo que intenta irremediablemente sostener. Al parecer, en ningunos de sus alegatos hay certeza de la prueba porque no sabe todavía qué es lo que ha de ser probado.

En el caso que nos ocupa, la Junta ha hecho todo lo que técnicamente se la ha solicitado sobre la alusión que el fraude se debió a unos  algoritmos, otras veces de tratra de decir que fueron unos rusos que penetraron el sistema de cómputos  y, luego se inventaron un hacker teniendo que retractarse de esto último.

Todos estos alegatos han sido contestados por la Junta de manera fehaciente y sin demora. Corresponde, pues, a Leonel Fernández- insisto-, probar sus alegatos.

Él no puede mantener el país en una indefinición  o en vilo, solo para mantener una fantasía. Existe una doctrina en derecho, que dice que: «los hechos negativos indefinidos son de imposible prueba…los hechos indefinidos están exentos de prueba por quien los alega, quien no tiene sobre ellos la carga de como demostrarlos». Véase, Contradicción y control de la prueba legal de Jesús Eduardo Cabrera Romero, Tomo I, 1997, pag. 78.

La Junta Electoral ha actuado con sorprendente  complacencia y no ha irrespetado su figura de exjefe de estado esperando que el equipo de Fernández reúna la carga de la prueba total de lo que afirma. Es el expresidente a quien le corresponde demostrar no todas las pruebas sino la parte de los hechos que pretende probar, según las normas jurídicas establecidas y las cuales pretende invocar a su favor.

En vista a que el expresidente Leonel Fernández Reyna no ha probado nada con relación a lo que alega: la Junta no debe prestarse a seguir complaciendo la insensatez de una persona cuyo excesivo ego de superioridad ha sido afectado por una derrota electoral a la cual no estaba preparado aceptar.

La Junta Central Electoral ha sido en extremo complaciente con el exjefe de estado, pero después de informar sobre hechos que Leonel Fernández no ha podido probar, esta institución tiene el derecho de dudar sobre la existencia de los hechos invocados por la parte demandante.

Lo que el expresidente Fernández pretende es desorientar al pueblo  dominicano esgrimiendo hechos absurdos que solo son posibles en una mente afligida, hundida en un estado de depresión que ha afectado su estado anímico y ha dañado su concentración. El estado de tristeza en que ha caído el expresidente Fernández Reyna después de conocida su derrota electoral es tan grande que es posible que le haya afectado el sueño.

Lo mejor que le puede pasar al doctor Fernández Reyna es alejarse de sus asesores y del grupo de políticos perversos que pretenden usar su figura de escudo para sus propósitos políticos ulteriores y luego de haberlo crucificado, lo abandonaran, como hicieron algunos discípulos con Jesús.

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