Opinión

Príamo Rodríguez Castillo: Premio al esfuerzo y a la tenacidad

Por: Rafael A. Escotto 

«Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay quienes luchan muchos días y son muy buenos, hay quienes luchan por años y son mejores, pero están los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles«. (Anónimo).

Las sociedades que se caracterizaban fundamentalmente por su convencionalismos, cuya práctica hacia que los individuos fueran escogidos o seleccionados, cuando se le iba a favorecer con alguna condecoración, recibir un galardón, o un reconocimiento oficial, se señalaba la persona preferentemente por su supuesta o real ascendencia social y no así por su gravitación y contribución afirmativa  en beneficio de la colectividad nacional.

La lucha por la superación personal era vista en estas clases de sociedades subdesarrolladas con incuestionable desdén, aun cuando la llamada clase social secular ha ido perdiendo paulatinamente su histórico posicionamiento socioeconómico debido, principalmente, a factores particulares como son:

(a) Envejecimiento o desaparición física de los troncos familiares y (b) los hijos y nietos no  han logrado mantener el linaje social ni el dinamismo de los negocios de sus progenitores, ocupándose casi exclusivamente de vivir y disfrutar de la fortuna heredada.

En las  sociedades modernas, por el contrario, estos viejos patrones de razonamiento han desaparecidos debido a las oscilaciones naturales que  experimentan los pueblos. Aunque parezca  insólito, para honrar la labor y el desarrollo social  que producen la consistencia social, el fortalecimiento y la liberación de las personas, dejando atrás la vieja lucha de clase  y la preponderancia que tuvieron los apellidos sonoros en épocas felizmente superadas,  la reputación ha dejado de estar basada en el dominio de una clase social sobre las demás.

El mundo ha ido cambiando de actores y de principalía en la escala social de dominación, como la que existió durante el imperio español. Una persona desde la grada puede hoy día ascender a alturas jamás soñada a través de sus afanes plausibles, de su tenacidad y de su talento para conseguir el éxito social, económico, empresarial o artístico, sin la exigencia de un patronímico y aun así ser coronado con los laureles de la distinción y el respeto.

En estos tiempos, vemos cómo individuos desde la masa se empinan sobre los escrúpulos de una sociedad y ocupan el solio reservado antiguamente para los monarcas, se convierten en presientes o primeros ministros de una nación sin necesidad de la aureola ni la fragancia de la que se embadurna la aristocracia para ostentar algún título «nobiliario«, merecido o inmerecido.

Sin embargo, si se hace un análisis historiográfico sobre los anales estructurales de las sociedades, nos sorprenderíamos al saber que quienes generaron el nacimiento de la élite dominicana no tenían linajes ancestrales de nobleza.

Tomemos como ejemplo, la burguesía chilena a finales del siglo XVIII, se fortalece y se mimetizó con los «extranjeros de origen vascos«. Explica el profesor de historia, Luis Bozzo en un artículo publicado en el periódico elDia de Chile, que «durante tres siglos las familias prominentes practicaron la acumulación de riquezas por medio de los matrimonios arreglados, colocando en manos de unos pocos todo el comercio existente de la época«.

Esta componenda social y económica en Chile se refleja también en nuestra propia sociedad como una forma de unir apellidos de familias originalmente sin mucha importancia, para a través del matrimonio llegar a la formación de grandes riquezas, creando monopolios familiares extraordinarios,  pasando de lo socialmente pequeño o insignificante a lo importante o grandioso.

Tales monopolios crecieron alimentándose casi siempre de los privilegios que suele colocar el Estado a disposición de la clase social y económica dominante a través de la política y, además, poniendo en ejecución contra los gobernantes mecanismos de presión social para quebrar la voluntad política de los mandatarios y así garantizarse exoneraciones aduanales u otras prebendas que favorecen y propician la acumulación originaria de grandes capitales en menoscabo de las otras clases sociales.

Así las cosas, llegó al convencimiento en este artículo, que uno de los hombres más trabajadores que tiene la sociedad dominicana actual es, sin lugar a duda, Príamo Rodríguez Castillo, quien a través de la Universidad Tecnológica del Santiago (UTESA) ha logrado penetrar todas las fibras sociales y  socio-laborales de la sociedad y lo ha logrado sin un apellido altisonante, sin haber recibió algún legado económico y muchas veces con el refunfuño de la clase económica y socialmente dominante cibaeña y nacional que no entendían en sus inicios la vehemencia de este gran dominicano.

Al no poder o querer comprender la clase dominante de la época, ligada a la banca comercial y financiera y, además por razón de considerarse «elite« conectada a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), esa determinación tan férrea  ni la razón obstinada de Príamo Rodríguez por echar hacia adelante un proyecto o iniciativa educativa, que según la mentalidad tardía del sector financiero local, ya la PUCMM supuestamente cumplía con la demanda del mercado educativo.

Si el señor Rodríguez Castillo no hubiese logrado conseguir la ayuda disimulada de la política, como lo hizo la PUCMM en su momento, apoyándose coyunturalmente en las contradicciones que en una etapa breve llego a tener el fenecido presidente Joaquín Balaguer con una parte importante de la iglesia católica, el desarrollo socioeconómico que tenemos hoy y la profesionalización adquirida por los llamados «hijos de machepa« con la apertura de la UTESA, el progreso del país se hubiese retrasado.

¿Por qué hubiese sucedió ese anquilosamiento socio-educativo en la sociedad dominicana?  Vamos a ver si podemos dar con la razón de esta preocupación que ha dejado de ser una angustia en estos instantes.

La PUCMM era para la época una universidad fundada para  responderle casi exclusivamente a una élite o a la llamada «crema« de la sociedad dominicana. Por tanto, sus aulas no estaban disponibles para darle acceso a la gran masa de la juventud de clase media y media baja a la cual le estaba relativamente vedado ingresar a su Alma Master en razón de los altos costos que significaba estudiar en la católica.

Es Príamo Rodríguez Castillo y no otra persona, un joven entonces de clase media o media baja quien le abre las puertas de UTESA a la juventud que formaba la base de la población de entonces y quienes, a pesar del deseo que tenían de estudiar y lograr una formación académica, el solo pago de la matriculación en la Católica le imposibilitaba la oportunidad de estudiar y progresar.

Recordemos que en un momento la PUCMM permitió discrecionalmente o por conveniencia estratégica, el acceso de jóvenes de clase media y media baja, quienes luego, movidos por las presiones del claustro contra este pequeño grupo de estudiantes, se vieron obligados a crear un movimiento estudiantil que funcionó desde sus aulas para tratar de romper con los privilegios y la intolerancia del claustro. Todos o casi todos los que pertenecieron a ese movimiento estudiantil fueron expulsados de la universidad.

El nacimiento de la UTESA en Santiago fracturó, por decirlo de esta manera, la irracionalidad social y educativa existente a nivel de la educación superior en aquel tiempo. Hago este breve recuento histórico no con el ánimo de fastidiar con el tema a la PUCMM, sino como una forma de darle crédito al doctor Príamo Rodríguez por los esfuerzos desplegados en aquella batalla para lograr la acreditación oficial que la UTESA requería para poder operar como institución académica.

Es posible que en esa lucha de intereses educativos la solicitud que hiciera el doctor Príamo Rodríguez Castillo para la confirmación oficial de la UTESA pudiera haber sido engavetada en la Secretaria de Estado de Educación de aquel tiempo.

Aclaro, que no soy egresado de ningún centro académico superior de la Republica Dominicana. Mis estudios de abogado lo obtuve por mis propios esfuerzos en los Estados Unidos hace poco más o menos cuarenta y ocho años, en cuyo país me formé desde muy joven, ejercí esta carrera, siendo luego designado por el Gobernador Mario Cuomo, abogado del Departamento de Transportación del Estado de Nueva York (Antiguo Obras Publicas), de cuya función pública estoy hoy retirado. Lo que significa que no tengo intereses en ningunas de estas instituciones académicas dominicanas mencionadas en este trabajo.

Esclarecida cualquiera duda sobre la intención de este trabajo, quisiera concluir el mismo, solicitándole encarecidamente al honorable señor presidente de la República, Licenciado Danilo Medina Sánchez, persona a quien conozco de sus virtudes personales y honorabilidad, que durante su gestión gubernativa le sea concedida  al doctor Príamo Rodríguez Castillo, la Orden Heráldica al Mérito de Juan Pablo Duarte, en el grado de Comendador, por sus ingentes aportes a la enseñanza, al desarrollo intelectual, científico y académico del país a través de la Universidad Tecnológica de Santiago.

Pienso firmemente que este galardón no solo es bien merecido, además, será bien visto y hondamente apreciado por la comunidad estudiantil, por los cientos de miles de profesionales egresados de esa facultad, por el pueblo de Santiago, por el país en general, más por la familia Rodríguez Castillo y  Rodriguez-Monción, respectivamente.

Acordémonos, finalmente, que nunca está demás reconocer el esfuerzo o los logros de las personas.

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