Opinión

¿Qué los unía ayer y qué los separa hoy?

Aquiles Olivo Morel

Medio país permanece expectante a la espera de la decisión que pueda tomar el Presidente de la República respeto a la decisión de optar nueva vez por la reelección,  emprendiendo así el camino de una nueva Modificación Constitucional, la cual para algunos se convertiría en un desafío, porque requiere una convocatoria a la Asamblea Nacional donde los votos para lograr tal propósito parecen alejarse con el paso de los días.

Un proyecto de esta naturaleza parece ser una empresa donde obran muchísimas realidades, a la cual no escapa la creciente oposición interna y externa actuando como resistencia día a días, siendo el tiempo un enemigo para impedir la concreción de una decisión aún no tomada pero reclamada por una franja importante de la población.

Para el PLD la realidad política luce incierta: Ninguno de los proyectos, incluyendo lo locales, la simple aspiración a regidor o alcaldía se puede poner en marcha, hasta tanto no se conozca a ciencia cierta aquella que desataría todos los nudos del mundo político local.

El último en advertir esta situación lo fue el senador por la provincia de Santiago, quien dijo en una entrevista de televisión recientemente que ya el presidente “Debe hablar”, tal como lo prometió el año pasado.

Sus declaraciones pondrían en marcha el aparato reeleccionista o por contrario despejaría el nublazón que hoy cubre el panorama político nacional donde las fuerzas políticas, incluyendo las de oposición también lucen nerviosas por no reconocer su adversario, a menos de un año para concurrir al más complejo proceso electoral del modelo democrático.

La organización de la cual se enorgullecía el Profesor Juan Bosch considerándola un partido único en América Latina, por su disciplina, por la formación de sus dirigentes, por su estructura organizativa y por contar con unos propósitos bien claros que le servían de vasos comunicantes, incluyendo su lenguaje único ahora luce quebrada, incapaz de alcanzar esa formidable dinámica operativa, en temas nimios, por no decir los complejos que hoy lo separan.

¿Y qué cosas los unía ayer que hoy los separa? ¿Cuáles derroteros contrarios tomó la organización que impide encontrar ese lenguaje unificador? Acaso ¿Se construía una torre de babel, y como en las sagradas escrituras esta ofrenda desafío el poder divino haciendo posible el surgimiento de varios lenguajes? ¿El PLD de hoy podría alcanzar su cohesión interna, evitado así los entuertos como el exhibido entre un Ministro y la Vicepresidente, quienes denotan públicamente a través twitter?

No tengo las evidencias pero participar en tanto procesos electorales y obtener a su vez tantos triunfos podría ser unos de los motivos por los cuales esta organización política empieza a dar muestra de pifia para alcanzar los reclamados acuerdos. Tantos éxitos juntos al tiempo de albergar a tantos héroes, como en la antigua Roma pudiera ser motivo para que algunos ya no se sientan cómodos; casi todos por igual reclaman el trono y, quienes lo fueron desean regresar, evitando el fluir de las elites.

También conviven en su interior un entramado complejo de intereses, tanto grupales como los generados como consecuencia de la compleja constelación de alianzas con las cuales ha obtenidos sus connotados éxitos.

En lo organizativo recurrió a manejos fuera de lo normal –considerar la tradición de sus congresos- en un proceso de adaptación o acomodamiento, evitando situaciones cuyo nivel de importancia requerían seguimiento y desarrollo práctico,  como fueron aquellas decisiones emanadas de su último congreso.

A partir de entonces, lo que se suponía un partido político organizado y orgulloso de su disciplina fue haciendo a un lado sus acuerdos hasta finalmente convertirse en un ente de elites incapaces hasta de reunirse. ¿Presas de sus propios éxitos?

En su dinamita se incluían celebraciones; en su interior las cofradías domingueras ayudaban a las comunidades; los ayuntamientos apartados y pobres eran socorridos con los esfuerzos de una membresía cohesionada capaz de tirarse al mar, siempre que sus comandantes se lo pidieran.

Todo aquello se fue esfumando en sus propias narices; se lanzó por la borda aquel glorioso pasado de colaboración y de concordia; se renunció a los principios fundamentales de la organización y a nadie le dio la vergüenza ajena.

Esas pequeñas cosas unían a quienes habían sido unos jóvenes formidables formados bajo la cobija de una de las mentes políticas más preclara del continente. Envejecieron y como todo en la vida fue “devorado por el tiempo”, incluyendo los viejos pergaminos donde se encontraba el legado de su canon operativo.

¿Qué los separa hoy?: ¿La ambición de poder?, ¿Pudiera ser el orgullo? No lo creo. Los separa la propia naturaleza de lo que persiguen. Hay quienes se resisten a entender que les llego su final, sea por la misma consecuencia natural o por la misma incapacidad para continuar por el rumbo emprendido en la renuncia a los proyectos colectivos y de servicios a la comunidad.

Los separa el cansancio y la renuncia a su fe! Y por supuesto, el mal del hastío. Aquel que después de disponer de todo te coloca a en el sendero para dar vueltas en círculos hasta finalmente extraviarlos en tu destino final.

En medio de la tensión seria buenos saber estas cosas; también ayuda a ver con claridad nuevas rutas y navegar hacia aguas más cálidas; renunciar a tantas turbulencias pudiera ser un comienzo; así como reconocer que cosas nos congregaban armónicamente, por eso no resulta necio saber ¿Que los unía ayer y qué los separa hoy?

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