Editorial

¿Qué pasa?

El continuo relajamiento de obligatorias normas de distanciamiento social pone en peligro lo poco o mucho que se ha logrado para contener y mitigar el coronavirus, como lo demuestra la congregación ayer en el malecón de Puerto Plata de centenares de personas para recibir a un «peregrino» que llegó desde Villa Altagracia.
Más de 30 mil personas han sido apresadas por violar el decreto de toque de queda que rige desde las 5:00 de la tarde hasta las 6:00 de la mañana, mientras miles transgreden la disposición que obliga a transitar con mascarillas, ominosas señales de irrespeto e incivilidad.
Confinamiento y distanciamiento social son los remedios esenciales para mitigar una pandemia que ha causado más de 208 mil muertes e infectado a nivel global a más de tres millones de personas, en tanto que en el país se han producido 282 decesos y 6,293 contagiados.
Ese censurable comportamiento que incluye incurrir en temeridades sanitarias al acudir a mercados, supermercados y bancos sin debida protección contra la COVID-19, ni guardar el distanciamiento personal requerido, puede provocar que todo lo logrado se convierta en sal y agua.
El presidente Danilo Medina, el coordinador de la Comisión para el Coronavirus, Gustavo Montalvo, y el ministro de Salud, Rafael Sánchez Cárdenas, han exhortado a la población a obedecer directrices sobre distanciamiento social, para lo cual se ha pedido al Congreso extender el estado de emergencia por otros 25 días, pero el mensaje ha caído en oídos de sordos.
La multitud que acompañó al señor Migdomio Adames en su peregrinaje hacia el malecón de Puerto Plata no reparó en el peligro de contagio a que se expuso, pero tampoco las autoridades cumplieron con su deber de impedir la violación a un edicto que prohíbe ese tipo de aglomeraciones.
El ministro administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, aclaró que la circular emitida por su despacho ayer que instruye a los incumbentes de las instituciones oficiales a acudir a sus respectivas dependencias, con escaso personal, no significa que se hayan soltado las amarras del confinamiento personal y de aislamiento social.
Este no es el momento para cherchas, temeridades o exabruptos, sino para asumir cabalmente la responsabilidad de coadyuvar con los esfuerzos oficiales y de la sociedad para contener, mitigar y reducir la COVID 19. No hay que despegar de la gatera antes de que las autoridades toquen el clarín de salida.

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