Opinión

¿Qué pedirle a la Virgen?  haga su lista


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


Fausto García

“El hombre que oculta su pasado se niega a sí mismo”. (Fausto García)

El pueblo dominicano es devoto de la Virgen de la Altagracia, ella es su protectora. Igual lo es para este pueblo la devoción a la Virgen de las Mercedes. Hay otras advocaciones (denominaciones), tenidas también por nuestro país, y a las cuales acude en igual sentido o propósito, vale decir, pidiendo su intercesión, como mediadora ante su hijo Jesús para que conceda un milagro o un favor. Un milagro es una cosa imposible, una curación de una enfermedad incurable a los ojos de la ciencia médica, por ejemplo. Un favor es algo grande e importante para nosotros y que por nuestras propias limitaciones humanas no podemos lograr o se nos hace difícil o tarde para alcanzarlo. Por ejemplo, que un hijo con vicio o adicción pueda dejarlo; que unos esposos atacados por el diablo a través de una infidelidad matrimonial, con 5 hijos y una familia hermosa, no lleguen a divorciarse.

Cuando Jesús entregó a Juan, su discípulo amado, en el calvario, minutos antes de morir, a su madre, diciéndole, hijo he ahí a tu madre, Juan la recibió y se la llevó a su casa. Los cristianos católicos, hemos entendido que nos la estaba entregando a cada uno de nosotros, y por igual, nos la hemos estado llevando y recibiendo en nuestras casas (corazones), como nuestra madre espiritual que nos acompaña en este valle de lagrimas e intercede por nosotros, y con la cual nunca nos sentimos solos, sino que siempre estamos acompañados.

Sea cual sea el nombre con el cual llamemos a la Virgen, es decir, a María, la madre de Dios, la madre de Jesús, la madre de la iglesia, ella es la misma y es única, cada nombre viene siendo como un apodo, o más significativo aun, como un piropo.  Nosotros la llamamos la VIRGEN DE LA ALTAGRACIA; los mexicanos, la Virgen de Guadalupe; los españoles, Nuestra señora del Pilar; Nuestra señora de Aparecida en Brasil; Nuestra señora de Lourdes, en Francia, y así sucesivamente en varios de nuestros países latinos, de Europa y del mundo. Por tanto, cual sea el nombre como la llamemos, ella es la misma, y es única la llena de gracia, como la llamó el ángel, la concebida sin pecado original, la inmaculada, la santa.

Algunos católicos impropiamente la tienen más que como intercesora, la llaman y tienen como más que eso, pero la iglesia siempre la ha visto y tenido como la mediadora.  No obstante, la virgen, como madre amorosa, conocedora de los detalles de sus hijos, no le molesta nada de eso, y arregla o acomoda cada petición como ella sabe que su hijo la entiende mejor. El ejemplo bíblico que existe como huella indeleble de esto, es el milagro de Jesús en la boda de Caná, donde el mismo convierte el agua en vino y el cual es uno de los tantos milagros que recoge y relata el Evangelio. Ese milagro lo opera Jesús justamente por la intercesión de su madre María. (Jn. 2, 1-12).

 

Los católicos hemos aceptado sin reparo la mediación o intercesión de la Virgen y nos sentimos cómodos, complacidos con esa mediación, sin la cual sentimos que andamos con una sola pierna. Esperamos que ella medie con las diferencias que pueda haber con otros hermanos en la fe, y que pueda un día cobijarnos bajo sus alas, sus alas de amor, de una madre, que solo sabe amar y nunca haría daño a sus hijos.

 

Los cristianos católicos hemos estado y estamos claro con San Pablo (1 Timoteo 2-5) en el sentido de que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres, pero para nosotros, hay una gran mediadora, para no negar que existan otros, entre Jesús y los hombres, y esta es ella, María la madre, la que se fijó en la falta de vino en aquella boda y habló con su hijo, intercedió como madre y les dijo simplemente a los mozos o sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga.”

Estamos a la puerta de la gran fiesta a nuestra Patrona, la VIRGEN DE LA ALTAGRACIA y muchos piensan en que pedirle a la virgen. Como decía un hermano sacerdote mariano, “hagan su lista y tráiganla a la virgen”, que ella les conseguirá el milagro, o cuando no, porque no sea la voluntad del padre, les conseguirá un favor. Así que, haga su lista, y llévela a los pies de la Virgen, la mía tiene como 20 peticiones y pocas las encuentro. Y como dijo una gran devota, no hay que publicar lo que le pedimos a ella, pues hay cosas que son “Entre ella y yo.” faustogarcia2003@yahoo.com

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba