Editorial

Que se mantenga el toque de queda

El país no está en condiciones, toda­vía, de desmantelar las elementa­les medidas de excepción adoptadas frente al peligro del coronavirus.

La pandemia sigue latente. Cada día agrega cientos de contagiados a una lista que ya sobre­pasa los cien mil y cobrando las vidas de dos mil ciudadanos.

Esta amenaza a la salud y a la vida, que a su vez golpea todo el aparato económico y productivo del país, nos obliga a someternos a una serie de reglas de prevención que, por su carácter restric­tivo, no gustan a la ciudadanía.

Como es el caso del toque de queda.

La finalidad de esta medida, que es común hoy en la mayoría de los países atacados por el Covid, es la de evitar la circulación de personas en las vías públicas en horarios nocturnos.

Es una especie de semi cuarentena porque la total nunca la hemos tenido.

La gente puede moverse en la mañana y parte de la tarde, pero advertida de que debe andar con mascarillas, mantener un distanciamiento físico y, en lo posible, lavarse continuamente las manos y desinfectar espacios.

Suprimir el toque de queda sería más perjudi­cial que útil, porque equivaldría a relajar otras medidas complementarias y necesarias que com­pletan el cuadro de las precauciones.

Todavía no ha llegado el momento de dar ese paso, aunque ese sea el anhelo general.

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