Opinión

¿Qué tipo de maestro eres tú?

Todos los tratadistas de la Pedagogía coinciden al proponer las cualidades que debe reunir un buen maestro: justicia, comprensión, paciencia, bondad, respeto, delicadeza, control y madurez emocional, sentido del humor, inteligencia, simpatía, honestidad, puntualidad, competencias técnicas y pedagógicas .

El maestro, sostienen otros, debe explicar bien, guiar, ayudar y orientar a sus alumnos. Debe proceder con plena conciencia de la delicada misión que la sociedad puso en sus manos. Debe ser comprensivo, firme, atrayente, tener claridad de espíritu, evitar imposiciones personales, ser constante, estimulador, amar, valorizar en lugar de humillar y sentir aversión por el alumno. Y además del qué enseñar, un buen maestro debe saber cómo enseñar la materia que imparte.

Merced a los rasgos antes descritos se han establecido diferentes tipos de maestros, como los presentados a continuación, primero, por Imídeo Nérici (Hacia una didáctica general dinámica, 1973, Págs. 107 y 110) y, segundo, por Luis A. de Mattos (Compendio de Didáctica General, 1974):

· El brillante. Su único interés es brillar. Se interesa más por el impacto que pueda causar en sus alumnos que por el progreso de los mismos.
· El mero profesional. Imparte clases con el único propósito de ganarse la vida. De ahí que su ejercicio suele estar repleto de lagunas y altibajos.
· El displicente. Siempre está atrasado en sus obligaciones escolares, tanto en lo que respecta al desarrollo del programa como en el cumplimiento de las exigencias burocráticas.
· El depresivo. Siempre está presto a destacar los aspectos negativos de los alumnos y nunca valora los puntos positivos.
· El poeta. De la realidad de sus alumnos y de las condiciones de la enseñanza siempre luce distante. Todo lo mira a través del cristal de la fantasía.
· El desconfiado. En todas las manifestaciones de los alumnos ve mala intención o las considera acciones dirigidas contra su dignidad y su persona.
· El educador. Es el maestro ideal. “Es el que estimula y orienta. Prepara para la investigación, despierta curiosidad, desenvuelve el espíritu crítico, invita a la superación y muestra los valores de la cultura. Es el que orienta por la convicción, por la persuación,por el ejemplo, y nunca por la distancia, la indiferencia o los caprichos”

Con el subtítulo de ” Aberraciones en la personalidad del profesor”, Luis Alves de Mattos, en su muy valioso y siempre consultado texto ” Compendio de Didáctica General”, (Ob.cit.,p.294) nos presenta otras clase de maestros que a su decir, ” constituyen evidentes negaciones de la auténtica personalidad docente”, tipos cuya presencia nos encontramos con ellos a diario en todos los niveles de enseñanza, pero especialmente en las aulas universitarias :

1) – El tipo introvertido y hermético. 2) – El tipo nervioso y desconfiado. 3) – El tipo indeciso y confuso. 4) El tipo incoherente y contradictorio. 5) – El tipo colérico y explosivo. 6) – El tipo irónico y mordaz. 7) – El tipo injusto, mezquino y vengativo. 8) – El tipo vanidoso, arrogante, prepotente, desdeñoso y presuntuoso. 9) – -El tipo cursi y donjuanesco. 10) – El tipo ingenuo, bonachón e indulgente. 11) – El tipo sentimental y quejumbroso. 12) – El tipo egoísta, exclusivista que demuestra afectos y preferencias por unos alumnos y repulsión por otros.

Como expresión del ” Mero profesional” tipificado por Nérici, y el “vanidoso” e ” Irónico y mordaz”, propuesto por Alves de Mattos, es fácil encontrar en las aulas escolares de nuestro país otros tres tipos de educadores (tipología nuestra, D.Caba):

1) El indiferente. La labor docente o el proceso enseñanza – aprendizaje poco le importa y mucho menos el protagonista de este proceso: el estudiante. Sólo le interesa el salario y los beneficios obtenidos a través del puesto. A cumplir con su labor falta con mucha frecuencia y la impuntualidad constituye uno de los rasgos dominantes de su gestión. Difícilmente compre un libro, esto es, no lee, no se actualiza, no participa en cursos, ni asiste a actividades culturales que incidan de manera positiva en  su superación, actualización o desarrollo profesional ; y en el ejercicio de sus funciones, lo único que le interesa es que el tiempo pase.

2) El sádico. Por sádico se comporta como un ser frustrado y resentido. A los alumnos los ve como sus más peligrosos enemigos y todo lo que implique el sufrimiento de estos, a él le produce gozo y placer. De ahí su tendencia a humillar, ironizar y hasta celebrar cuando un estudiante emite una opinión desacertada, reprueba u obtiene bajas calificaciones.

El alumno para este tipo de maestro sólo importa en la medida en que le sirve de instrumento para liberar o volcar en él sus frustraciones reprimidas. Y en tanto seres frustrados, reducen en lugar de propiciar el desarrollo integral de la personalidad del individuo.     En términos de su conducta verbal es fácil reconocerlo por sus frases aberrantes dirigidas a sus alumnos:

“A mí nadie me pasa…”, ” Recuerda que tú eres el huevo y yo la piedra”, ” Tú eres un burro…”, ” A mí de cuarenta me pasan dos…”, ” Cuando tú tengas mi nivel, puedes opinar…”,“Quien no dé para esto que coja un pico o una pala y se vaya para Obras Públicas…”. “No todo el mundo nació para estudiar y usted es uno de ellos…”

3) El biógrafo. Más que a impartir docencia, al salón de clases se presenta con el propósito de trazar un perfil biográfico de su vida. Los estudiantes, en consecuencia, saben hasta la hora en que se acuesta y los amores que tuvo durante su juventud. El señor maestro, relatando siempre en primera persona del singular, se pasa gran parte del tiempo ofreciendo a unos aburridos y bostezadores discípulos una serie de informaciones, la mayoría de las cuales  se apartan por completo del contenido programático, así como del centro de interés de   sus pupilos receptores. En tal virtud  lo escucharemos pregonar con euforia incontenible:

“Yo soy licenciado, tengo dos maestrías, he realizado curso de esto y de aquello, además de maestro soy esto y aquello, mi padre fue fundador de… En la última investidura mi hijo mayor se graduó con honores… En mis años de estudios, yo también me gradué con honores… Resido en un lugar muy distinguido y he viajado a los siguientes países…” Los alumnos, en fin, terminan aprendiendo más de la  familia y vida personal del maestro que de la materia por este impartida.

Y así, muy entusiasmado, continuará el  señor profesor con  su relato autobiográfico, mientras sus estudiantes, en silencio y casi dormitando, oran y ruegan a todos los santos para que tan indigerible y pesada perorata termine de una vez y para siempre.

Todo ello significa que si bien son muchos los que han hecho de la docencia su medio de vida u oficio principal, no todos reúnen las condiciones para ejercer una labor que aunque mal pagada y poco incentivada,  constituye uno de los más honorables y delicados quehaceres humanísticos.

Y quien no cuente con esas condiciones, en lugar de beneficiar, podría, al contrario, producirle daños irreparables al alumno que periódicamente se presenta entusiasmado al aula en busca de formación e información. Vistas las consideraciones hasta aquí  externadas, una pregunta aflora de inmediato a mi mente:

¿Y tú, qué tipo de maestro eres?

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba