Raisa Almánzar: “Vivo con un tumor en mi cerebro, pero soy un milagro de Dios”

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RESUMEN
Santo Domingo-Ella es sencilla, humilde, trabajadora y una mujer de armas tomar. Su nombre es Raisa Almánzar. En noviembre próximo, cumplirá 25 años trabajando en LISTÍN DIARIO, medio que la ha acompañado en la dura prueba que le ha tocado enfrentar.
Verla siempre por los pasillos de la empresa, tan sonriente, despista a cualquiera de siquiera imaginarse que la protagonista de este relato ha cargado con un gran peso, tan fuerte, que duró dos meses sin caminar, y más de dos años caminando a “cero milla”, como se dice en buen dominicano.
¿Raisa, te gustaría contar tu historia? Fue una pregunta que se le hizo un día cualquiera de esos en los que te topas con gente tan querida como ella, que no siempre ves. Con ademanes que delataban sus dudas, dijo que lo pensaría.
Se puso como medio remolona, pero al decirle que su testimonio podía ayudar a otros, al menos a saber que ante la adversidad, es la fe y la fuerza de voluntad la clave para vencer los obstáculos.
Llegado el día, ahí estaba, con su sonrisa tímida, pero franca, más loca por irse que por quedarse, pero decidida a contar su historia. Eso sí, desde que encontró el primer pretexto ya quería irse, justificando su miedo con que estaba viendo que había trabajo.
“No señor, camine…”. Ella sabe de qué son los puntos suspensivos. Doña Helmi cedió un espacio para la entrevista, y ahí la confianza brotó.
Sí. Tiene un tumor en el cerebro que no puede ser operado. Lo han logrado “frisar”, como dice ella, pero todavía la ciencia no garantiza que una cirugía abierta le preserve la vida.
¿Cómo te enteraste de ese tumor?
“Fue algo extraño. Te cuento que un día, estando yo trabajando, me llaman y me dicen que a mi esposo le dio un infarto y que se lo llevaban en ambulancia a una clínica. Ya tú sabes cómo me puse. Por su edad, un hombre joven, de cuarenta años y pico, era bien delicado todo. El caso es que le hicieron muchos estudios para saber el porqué, pues él no toma, no tiene ningún tipo de vicio, come saludable… y nada, lo que determinaron fue que había que hacerle una cirugía de corazón abierto”. La operación la pautaron para marzo del año 2017.
Encontrándose sumergida en los trámites para la cirugía fue que, uno de esos días, convulsionó al punto de perder la conciencia. Su propio esposo llamó al 9-1-1 y la llevaron a una clínica. No trataron el evento como una fiebre normal, sino que le mandaron a realizar varios estudios.
“Di con un buen neurocirujano, quien investigó a fondo hasta que se descubrió que tenía un meningioma (tumor en el cerebro)”. El compromiso que tenía con la salud del amado, la llevaron a dejar, para luego, la solución a su situación, pese al peligro al que se exponía. Con Dios, pudo esperar. Hoy es un milagro del Señor.
“Le pedí a Dios que me diera vida hasta que mi hijo terminara el bachillerato”

Raisa Almánzar
Hasta en los momentos más difíciles, las madres suelen pensar primero en sus hijos y luego en ellas. En el caso de Raisa Almánzar no ha sido distinto. Con un diagnóstico que le jugaba en contra y la responsabilidad de seguir apoyando a su esposo con su situación de salud, sólo pensaba en el bienestar de sus vástagos, sobre todo, cuando, en una etapa de su enfermedad, perdió sus pasos.
“Yo le pedía a Dios que por favor me dejara hasta que mi hijo mayor se hiciera, por lo menos, bachiller. Sabía que ya él estando grande podía encargarse del más pequeño, pues como tú sabes, mi esposo ya tenía una condición de salud”. Claro, Francisco, aun después de la cirugía, siguió trabajando, pero ella sabe que no es fácil mantener una familia con un sólo salario.
El diagnóstico del tumor, en principio, no fue de temer para ella. Aunque sabía la magnitud del problema, estaba concentrada en que todo saliera bien con la cirugía de corazón abierto de su marido. A él lo operaron en marzo y ya en abril, con él más recuperado, Raisa estaba inmersa en la búsqueda de solución para ver qué podía hacerse en su caso.
Las cosas se tornaban complicadas porque el ritmo de vida que llevaba, no estaba a su favor. Viviendo retirada del colegio de sus hijos y de su trabajo, cogía más lucha de la necesaria.
“A veces se complicaban las cosas y llegábamos tarde, hasta que tuve que mudarme cerca, porque a decir verdad, vivíamos por San Isidro y salíamos como a las 6:00 de la mañana para poder llegar a tiempo”, Convenció a su esposo y pudieron cambiar de residencia con todo los gastos económicos que ésto representaba.





