Editorial

Razonamiento lógico

La realidad es independiente a la voluntad de individuos o conglomerados, quienes no pueden ignorarla o suplantarla, porque posee propia dinámica y leyes que la rigen por lo que al abordarla e intentar transformarla, se requiere reconocer que existe debe abordarse con sentido de sensatez, ecuanimidad o de razonamiento lógico.

Es el caso del coronavirus, una pandemia que se propaga por todo el mundo con secuela de contagio y muerte, sin importar que los presidentes de Estados Unidos, Brasil, Nicaragua o el primer ministro del Reino Unido, pretendieran negarla o minimizar sus efectos.

En torno a la forma y manera de contener la COVID-19 se han escenificado debates científicos, políticos, económicos y hasta religiosos, pero la realidad marca que en cualquier escenario se requiere de reclusión individual y aislamiento social como armas principales, lo que han tenido que hacer crédulos e incrédulos.

Las principales economías del mundo pujan por encaminar una vuelta rápida a la normalidad o a lo que ya se define como nueva realidad, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los más renombrados virólogos han advertido sobre un rebrote de la pandemia si se incurre en precipitaciones.

Grandes corporaciones presionan por el retorno a la producción, para lo cual se señala que la quiebra se vuelve común a la manufactura, turismo, transporte aéreo, tecnología, energía, bares y restaurantes y servicios, lo que a su vez ha provocado una recesión mundial comparable a la Gran Depresión.

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos advirtió que la crisis originada por el coronavirus no podría afrontarse sólo por el lado monetario, porque los préstamos que otorga no se saldarían sin reactivar la economía, por lo que pidió al Congreso inyectar más recursos sobre los casi tres billones de dólares que ha inyectado a los sectores productivos.

Aquí también surgen presiones para que el Gobierno reabra la economía, bajo el argumento de que la crisis se vuelve tan irrespirable como el mismo contagio del virus, pero la realidad es que aún no se llega a la meseta de mitigación de la COVID-19 ni se ha demostrado que se puede prescindir del confinamiento y el aislamiento.

La realidad objetiva no puede ignorarse ni desdibujarse o borrarse por arte de magia. Todos desean retornar a la nueva normalidad, pero sería un error que para alcanzar ese propósito se obvien pasos o procesos imprescindibles para controlar, mitigar y reducir al mínimo la propagación de la pandemia. Para transformar tan lúgubre realidad, se requiere cabeza fría, aunque arda el corazón.

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