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Reflexión y cambios, ante los resultados electorales

Obvio que en la lucha política nadie debe darse por derrotado antes de que se cuenten los votos.

Reflexión y cambios, ante los resultados electorales

Los partidos políticos, las de oposición y el partido de gobierno, que participaron en las elecciones municipales están llamados a reflexionar tranquilamente sobre los resultados de estos comicios municipales.

Negar los resultados, buscar excusas por lo exiguo de los votos recibidos, dar la espalda a la realidad, escudarse en el abstencionismo de los votantes, no parece el camino correcto para entender lo que están diciendo los ciudadanos con estos datos.

Tanto el bloque político que ganó ampliamente las elecciones, encabezado por el Partido Revolucionario Moderno, como los bloques opositores y los movimientos políticos e independientes, deberán razonar sobre su propio quehacer político.

Requieren buscar las razones por las que tantos votantes decidieron quedarse en casa y negar su voto a candidatos que no despertaron interés o que no crearon expectativas, y que probablemente ni siquiera explicaron sus propuestas de gobierno.

Pero el más importante desafío lo tienen los aspirantes presidenciales de la oposición que, de manera reiterada en su campaña, vaticinaron una derrota del bloque oficial y una contundente derrota de la alianza opositora. Reiteraron, además, que las municipales reflejarían la intención de voto para las elecciones de mayo.

Obvio que en la lucha política nadie debe darse por derrotado antes de que se cuenten los votos. Faltan tres meses para las presidenciales de mayo, y en ese tiempo son muchos los cambios estratégicos que pudieran desarrollar con la intención de reposicionar sus candidaturas.

La oposición derrotada en estas elecciones municipales desarrolló una campaña electoral más dirigida contra la figura del presidente Luis Abinader que destinada a promover las propuestas de administración municipal. No fue más allá de repetir lo que desde el principio de esta administración de gobierno han propagado: presentarlo como lo peor que ha tenido la República Dominicana en su historia democrática; como la administración de los «popis», como un desastre.

Y la ciudadanía no es tonta. Sabe que existen problemas, como los hubo en los pasados gobiernos, pero que no todo es problema y que muchas malas prácticas del pasado hoy han sido eliminadas o reducidas al mínimo.

Sustentar una campaña en una falsa hipótesis conduce a fracasos políticos. Los principales líderes de la oposición tienen en su alforja 20 de los últimos 24 años de gobierno. Conocen del peso que tiene el poder en cualquier nivel de elecciones.

Querer acomodar la derrota ahora en la abstención electoral es caer en un error. La abstención no tiene signo político, afecta a todos los partidos. Quien no acude es indiferente a las propuestas políticas. ¿Quién se atrevería a sustentar que los abstencionistas fueron opositores? Por tanto, la abstención opera igual para todos los contendientes, y por ello no puede sostenerse que una de las causas de la derrota de los opositores es la ausencia de votantes.

Ha sido una práctica común de los políticos disponer de “logística” el día de las elecciones para movilizar a sus simpatizantes: Facilitar transporte, indicar el centro de votación donde le “esperan”, auxiliar a los que tienen discapacidad o impedimentos para movilizarse para el voto, disponer de recursos para los que trabajan por cuenta propia y no pueden abandonar su trabajo para ir a votar. Esa “logística” implica una gran cantidad de recursos. El PLD distribuía millones de pesos entre los delegados que desplegaba en las mesas de votación, para sustentar su alimentación, viáticos, transporte, refrigerios y la sustitución de los que se agotaban por la cantidad de horas entregadas a la labor en los centros de votación. Recuerden que tras la derrota de 2020, el propio Danilo Medina recriminó a los peledeístas porque no hacían ninguna tarea política si no les facilitaban «logística». Es probable que para el PLD en la oposición esa capacidad haya disminuido.

La Junta Central Electoral distribuyó con tiempo cientos de millones de pesos a los principales partidos políticos, para solventar una parte de los gastos de campaña electoral. ¿No utilizaron los recursos necesarios en la parte del día de las elecciones? ¿Destinaron esos recursos para la publicidad y los actos finales de campaña?

Todavía no existe información sobre las edades de los abstencionistas ni de los concurrentes a las urnas. Es probable que las edades de los votantes sea de los 30 años en adelante y que los que se negaron a acudir a las urnas sean los menos de 30 años de edad. Esos datos podrían ser un apoyo para el análisis de los partidos políticos.

Hoy día la cuestión es determinar cómo la elección municipal se replica o no en las congresuales y en las presidenciales de mayo. Si se asume que las votaciones masivas por el PRM se repetirán la oposición podría sentirse preocupada. Sin embargo, si ese no es el veredicto, la otra opción es desandar el camino de las quejas y acusaciones contra el partido de gobierno y contra el presidente, y buscar un estrategia distinta, que reoriente el rol de la oposición en este momento y frente a un partido relativamente joven, que mantiene ímpetu y una vocación de poder que antes no tuvo ninguno de los partidos opositores.

Los resultados electorales hay que asumirlos con entereza e inteligencia. Buscar excusas para justificar los errores o desaciertos no es el camino más adecuado. Es tiempo de reflexión, y de cambios.

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