Editorial

Reforma fiscal

El presidente Luis Abinader afirmó ayer que el mayor reto que enfrenta ahora el Gobierno es el de promover la discusión de una reforma fiscal que debe ser aprobada este mismo año para ser aplicada a partir de 2022, tarea difícil, complicada y retadora.

Como para despejar cualquier duda en torno a su propósito, el mandatario dijo que sería una gran irresponsabilidad no impulsar una reforma o pacto de fiscalidad, por lo que las palabras presidenciales valen como citación para todos los sectores interesados en esa reforma.

El escenario para discutir esa reforma fiscal será el Centro Económico y Social (CES), pero es claro que las intensas confrontaciones sobre incremento o reducción de impuestos abarcará todos los nichos políticos, sociales, empresariales y gremiales.

No son muchos los países que se aventuran a la discusión de un nuevo código fiscal enfocado en incrementar los ingresos, al fragor de una pandemia que impacta muy negativamente a la economía, pero en el caso de República Dominicana ese es un compromiso añejo pospuesto de manera reiterada.

El Presidente ha dicho que por el lado del gasto se trabaja cada día, pero que el tema sería abordar la parte de los ingresos, “porque nadie quiere que le toquen con impuestos”, lo que hace suponer que más que una reforma fiscal se requiere de un gran pacto político social.

La presión fiscal en República Dominicana no llega al 13% del PIB, cuando en el resto de América Latina el promedio oscila entre 18% y 21%, situación que se refleja en el sostenido déficit fiscal que siempre debe ser financiado con endeudamiento público.

A esto se agrega que los gastos tributarios del Gobierno (exenciones, exoneraciones), sobrepasan los 350 mil millones de pesos anuales, más de un 6% del Producto Interno Bruto, lo que significa una fatídica mutual de baja fiscalidad y elevados privilegios fiscales.

Tal parece que el Gobierno está decidido a empujar la carreta en dirección a una retadora reforma fiscal, tan necesaria como difícil de diseñar, consensuar y de aplicar en medio de una pandemia, aunque cualquier caminata por distante que sea comienza siempre con un primer paso.

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