Editorial

Reto final para el Presidente

El Presidente se debe a todos los dominicanos, pues lidera un Estado que es eje y fundamento de una nación pluripartidaria. Pero su condición también de abanderado de la opción electoral que se vende como «danilismo sin Danilo», crea riesgos políticos. Como gobernante de una universalidad ciudadana, su peso específico tiene que estar situado en el punto medio de la neutralidad a que su investidura obliga, Por uno de los últimos ímpetus verbales de este mandatario de reservas desconcertantes, se puede temer que sus decisiones administrativas y la influencia abrumadora de un presidencialismo omnipotente, siga haciendo aparecer al Gobierno como entregado a una sola parte del pueblo con perjuicio de equidad, sin que el alto dirigente se anteponga al designio de ser personalmente el ganador de las elecciones, estando ausente una separación clara entre el Poder y su partido.

Sin sus testimonios de estadista fiel a dos juramentaciones que le obligan a gobernar para todos los dominicanos, echando de lado su excesiva parcialidad, las denuncias de sus altos seguidores sobre planes para trastornar el final de las elecciones con estallidos de desobediencia civil contra resultados electorales tienen que preocupar hondamente a la sociedad atrapada entre radicales triunfalismos que no dejan fuera al más encendido: el oficialismo que arroja insultos sobre encuestadoras que vaticinaron cada uno de sus triunfos anteriores.

Activación inevitable

Producir, el accionar para diferentes fines incluyendo educarse y entretenerse, haciendo lo más que se pueda por no enfermar, asume el carácter de lo indefectible. No hay alternativa. Admítase que la inacción por razones sanitarias puede contener tantas amenazas de daños personales y sociales como los que van implícitos en gérmenes que tienden a invadir al organismo humano.

Los especialistas, con sus excepciones, tienden a confiar en las precauciones. Un optimismo que vale para la protección a asumir individualmente practicando muchas de las cosas de tiempos normales sin contagiarse. El riesgo mayor estaría en las aglomeraciones sin el porte de barreras contra virus. La gente debe hacer posible que la gradualidad de la desescalada lleve el curso previsto. No hay de otra. Un desastre económico no sería un mal menor.

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