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Reunión urgente en el Palacio Nacional: se tambalea la Ley Mordaza


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Por La Confidente

Anoche, mientras la ciudad dormía y los grillos cuchicheaban su eterna sinfonía, dos reuniones se fraguaban en lo oscuro, lejos del ojo curioso del pueblo. Una en el Palacio Nacional, con sus pasillos cargados de historia y secretos; la otra en los pisos altos del siempre elegante Blue Mall, donde las luces no solo iluminan vitrinas, sino también acuerdos que no se firman con tinta.

La Confidente lo supo. Porque aunque no tenga rostro ni nombre, tiene oídos que oyen donde nadie se atreve a escuchar.

En el Palacio se citaron funcionarios de todo pelaje: legisladores, asesores, y hasta un abogado traído de fuera, uno que sabe más de lo que dice y cobra más de lo que parece. ¿La razón? Hablar de una criatura jurídica que muchos llaman “Ley Mordaza”, pero que en los pasillos del poder ya le rezan como si fuera un difunto.

Y es que el anuncio del secretario Marco Rubio —sí, ese mismo que desde Washington tira la piedra sin esconder la mano—, cayó como cubo de agua fría en las alturas del poder criollo. Su amenaza fue clara: restricciones de visa para todo aquel que intente silenciar a ciudadanos o residentes legales de Estados Unidos. ¡Ay, madre mía! Con eso no se juega, y menos cuando la familia y los ahorros viven del otro lado del charco.

Al mismo tiempo, en los salones de mármol y aroma importado de Blue Mall, empresarios y dueños de medios —esos que antes se creían intocables— se juntaron con caras largas y vasos cortos. Algunos llegaron a pie, otros en SUV con cristales oscuros. Allí, lejos de cámaras y micrófonos, brindaron su apoyo a la misma ley que podría silenciar a los nuevos voces del pueblo: los creadores digitales .

Pero no lo hicieron por amor al arte. No, señor. Ese respaldo viene condimentado con contratos jugosos y campañas publicitarias del gobierno que llegan puntuales, como la quincena. Favor con favor se paga , y en este país, eso se sabe desde que se inventaron los colmados fiados.

La cosa es que, mientras los canales de televisión y los periódicos de papel pierden el brillo de antaño, las redes sociales arden con la voz del pueblo. En YouTube, TikTok, X y Facebook, influencers sin padrinos ni corbatas están diciendo lo que nadie más se atreve, y lo están haciendo con una conexión directa con el pueblo que no se compra con anuncios.

Ese cambio de juego —esa mudanza de la audiencia y de los cuartos— ha puesto nerviosos a muchos. Algunos empresarios tradicionales ven a los influencers como una amenaza, como si fueran intrusos en una fiesta donde ya no los mandan. Pero en esta nueva plaza pública digital, el que no se adapta, se queda atrás .

Y ahora, con la amenaza gringa flotando como nube negra, en los pasillos del Congreso y el Palacio ya no se oye hablar de “urgencia para aprobar la Ley de Expresión”… sino de cómo vestir de luto el cadáver político de la ya desahuciada “Ley Mordaza”.

Porque así son las cosas: cuando el norte sopla fuerte, aquí se encogen hasta los que juraban no temerle a nada.

La Confidente lo vio, lo escuchó… y lo cuenta. Como quien murmura un secreto al oído. Pero tú, que estás leyendo esto, diez centavos: ¿crees que enterrarán la ley… o que le darán vida nueva bajo otro nombre?

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