Deportes

Roberto Clemente: la grandeza que no se mide en estadísticas (Videos)


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


Por Alexander Gómez

El 31 de diciembre de 1972 no solo se apagó la vida de una superestrella del béisbol. Ese día, el mar frente a las costas de Puerto Rico se tragó a un hombre cuya estatura humana superó con creces cualquier cifra escrita en una tarjeta de béisbol.

Roberto Clemente Walker murió como vivió: comprometido con los demás, fiel a sus convicciones y consciente de que su misión en la Tierra iba más allá del deporte.

A los 38 años, cuando aún brillaba con luz propia en las Grandes Ligas y acababa de alcanzar la histórica marca de los 3,000 hits, Clemente eligió subirse a un avión cargado de ayuda humanitaria para las víctimas del devastador terremoto de Managua. 

Sabía del riesgo. Se lo advirtieron. Incluso su hijo, en una premonitoria pesadilla infantil, se lo rogó. Pero Clemente era un hombre que entendía la vida desde una lógica distinta: la del deber moral.

Un carácter forjado en principios

La personalidad de Roberto Clemente estuvo marcada por una mezcla poco común de firmeza, sensibilidad y determinación. No era un hombre de medias tintas. Cuando creía en algo, lo hacía hasta las últimas consecuencias.

Su célebre frase —“Si se supone que debes morir, mueres”— no revela resignación, sino una profunda aceptación del destino acompañada de valentía.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba