Roberto Clemente: la grandeza que no se mide en estadísticas (Videos)

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RESUMEN
Por Alexander Gómez
El 31 de diciembre de 1972 no solo se apagó la vida de una superestrella del béisbol. Ese día, el mar frente a las costas de Puerto Rico se tragó a un hombre cuya estatura humana superó con creces cualquier cifra escrita en una tarjeta de béisbol.
Roberto Clemente Walker murió como vivió: comprometido con los demás, fiel a sus convicciones y consciente de que su misión en la Tierra iba más allá del deporte.
Sabía del riesgo. Se lo advirtieron. Incluso su hijo, en una premonitoria pesadilla infantil, se lo rogó. Pero Clemente era un hombre que entendía la vida desde una lógica distinta: la del deber moral.
Un carácter forjado en principios
La personalidad de Roberto Clemente estuvo marcada por una mezcla poco común de firmeza, sensibilidad y determinación. No era un hombre de medias tintas. Cuando creía en algo, lo hacía hasta las últimas consecuencias.
Su célebre frase —“Si se supone que debes morir, mueres”— no revela resignación, sino una profunda aceptación del destino acompañada de valentía.





