Opinión

Sátira política: El zorro y la liebre

Por: Rafael A. Escotto 

“El hombre es el único zorro que instala una trampa, le pone una carnada y luego mete la pata”. John Steinbeck

La crisis política e intrapartidarias que se ha presentado en el país tiene su raíz en la falta de liderato alternativo;  está deficiencia ha estado forzando a que ese hombre corrupto formado por zorros de todos los partidos políticos nacionales sea el que predomine en los procesos electorales aprovechando la candidez de la liebre (El pueblo) que cree en las planteamientos de los zorros con piel de ovejas.

Eso hace que la competencia no sea ideológica sino cuál de las familias presidencial terminaría con más dinero en los bolsillos, si la Familia Fernández-Reyna, la familia Mejía-Domínguez o la familia Medina-Sánchez y quien alcanzaría sobrepasar en permanencia en el poder a Joaquín Balaguer  y a Rafael Leónidas Trujillo.  Eso es lo que está en juego en este momento político que eriza la piel sensible del país.

Un  pueblo tan zángano, que cree en las palabras de unos líderes políticos  que le han robado su felicidad de una manera tan poco digna y después de haber asaltado sus riquezas son tan caras duras que siguen hablando de nobleza y ni siquiera se conmueven frente a un pueblo cansado de tantas estafas y de pobreza que lo ha llevado a vivir en un embudo político, social y económico que lo ha dejado sin escape y cuando trata de zafarse de esa trampilla viene alguien desde afuera o desde adentro y trata de ayudarle a regresar al camino malo.

Pero como se trata de un pueblo con mucho activismo político  emocional, con escasísima consciencia de clase social, esa insuficiencia lo hace presa fácil de los políticos buitres, porque además, debo decir responsablemente, es un pueblo pusilánime con un nivel intelectual o educativo que le impide a algunos comprender dónde reside la verdadera verdad política.

Por esa limitación las familias presidenciales dominicana hoy están tratando de volver a participar en una lucha político-electoral por el poder que algunos perdieron y otros tratan afanosamente de convertirse en presidente de la República, aun si fuere necesario traicionando su origen dominicano. El ser dominicano pare que ya no importa; no es la primera vez que el terruño ha sido subastado por menos que  por un sillón en el palacio nacional de la calle Dr. Báez, en Santo Domingo.

Muchos dominicanos que han hablado conmigo en estos últimos días se sienten azorados al ver a un presidente, como Danilo Medina, que no está ciego, que no tiene problemas motores en sus piernas, que no tiene que ser asistido para trasladarse de un lugar a otro ni ser bañado por otra persona, y sin embargo, no es capaz de  rebatir a sus oponentes con el vigor de un gran líder, como escribiera Mandela en un poema: «En las garras de las circunstancias no he gemido, ni llorado».

Parece que  el presidente Medina  no llega a comprender que el liderazgo es una de las cualidades más valoradas en las organizaciones. Sabemos que no es fácil encontrar en una sociedad de políticos mojigatos, un líder que capte que los desafíos hacen la vida interesante y superarlos lo hace más significativa».

Frente a este cuadro, uno se pregunta: Cómo puede ser posible que un gobernante como Danilo Medina, que ha logrado desarrollar una agenda social y económica importante de desarrollo, que ha institucionalizado el Estado, ceda su espacio político sin siquiera conminar a sus oponentes, dentro y fuera del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), a contrarrestar su obra de gobierno con objetivada, alejado de populismo.

Una vez el país salga de la presidencia de Danilo Medina, como desean algunos, es posible  que el pueblo vote a favor de Luis Abinader y en contra de Leonel Fernández. Sin embargo, lo que no se están dando cuenta algunos ingenuos es que Abinader podría formar parte de un proyecto de oscuras tratativas políticas en la que podría estar comprometida la soberanía nacional.

Decimos esto ahora, para que luego que el pueblo caiga en uno de los hoyos negros de la política dominicana llevado por un exceso de arrebato por salir del supuesto «camino malo de Danilo» con la urgencia de quien está atrapado en una bola de fuego y solo le queda una sola puerta para «salvarse«.  Ese estado de paranoia no le permite ver, a los  que quieren huir del peligro lo que está oculto detrás de esa salida única que tantas ansias le produce.

Esa puerta podría ser una celada o un engaño en contra de los legítimos e históricos intereses de la República Dominicana que con tantos bríos defendió el padre de la patria, Juan Pablo Duarte en aquella emancipación de 1844.

En la fiesta de colores frente al edificio de la legislatura estuvieron envueltos los mansos y cimarrones de nuestra política; todos luchando a dentellada por un pedazo del suculento pastel presidencial, a cuyo banquete no será invitado el pueblo zángano de las abejas que desaparece del escenario político después que ha copulado su voto en favor de los llamados buitres o zorros de la política dominicana.

Recordemos una frase del actor, escritor galés nacionalizado estadounidense Philip Anthony Hopkins, que hizo el papel de psicópata en la película: «El silencio del cordero»: «Cuando el zorro escucha gritar a la liebre siempre llega corriendo, pero no para ayudarla».

Por otro lado, parece que los zorros han llevado a los ciudadanos conscientes de esta nación y a los que no lo son, a vivir la tenebrosa realidad que espera sombríamente detrás de la supuesta puerta de salida.

Parecería que los dominicanos fueron llevados a un estadio lleno de emociones en los que todos hacen la ola humana cuando se van a llevar un lanzador del montículo. En este estadio figurado, tan raro y tan particular, no habrá pañuelos blancos despidiendo a Danilo Medina porque eso se estila cuando el pitcher ha hecho un trabajo eficiente desde la lomita y como se trata de apuntar en la bulla politiquera de los encantadores de serpientes, el presidente no ha hecho el trabajo que se esperaba.

Entonces, ¿Por qué la oposición ha escogido a Danilo Medina como su víctima? Suponemos que en la mentalidad política de Leonel Fernández quien le cerró el camino a crear una dinastía presidencial de la familia Fernández-Reyna hasta el 2040 fue su compañero de partido, hoy  presidente del país. Para Leonel la candidatura presidencial nunca ha estado para cedérsela a ningún otro dirigente peledeista que no lleve el apellido Fernández.

Ahora bien, queremos equivocarnos que no hay intereses locales ni extraterritoriales en las próximas elecciones de 2020 que  este jugándose la faja de la dominicanidad o de la antidominicanidad con Luis Abinader.

¿Por qué Luis Abinader ha querido jugar este rol de afrancesado siendo castizo?

Pienso que Luis es un ser humano bueno, empero, me parece que es un político joven con emociones encontradas que desea, por un lado, reivindicar – al costo que sea -, a su padre que no llegó a la presidencia de la República teniendo condiciones sobradas, y por otro, es una persona influenciada por el grupo heterogéneo que conduce sus ideas hacia el poder con una agenda política compleja, para no decir dudosa. No importa los contenidos o sonidos cuasi-ideológicos y preciosistas de sus discursos, son escritos para embelesar a las masas y, luego, se  impondrá la verdadera agenda.

Y, volverá el pueblo a protestar en las calles y avenidas publicas  del país alegando fueron engañados, que no fue ese el memorándum que se le presentó originalmente a los zánganos. Y, se repetirá nuevamente la vieja cantaleta.

Finalmente, vuelvo a preguntarme: ¿Podrás Abinader lograr ser presidente de la República? Es posible. ¿Por qué no? Todo dependerá si el pueblo querría jugar el papel de afrancesados o el de los castizos. Pero también podría suceder lo que aconteció en los Estados Unidos en las elecciones de 1800, que se coló el candidato que menos se esperaba. Lo triste de este caso es que algunos de mis lectores podrían quedar atrapados en la frase de García Márquez: “No tenemos otro mundo al que podernos mudar” .

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