Opinión

¿Se descolora la memoria?

Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García). 

Siendo abogado de profesión, quizás dirá usted que soy el menos indicado para hablar de estos temas. Por lo que debo decir que siempre me ha gustado ver, conocer y tratar de entender al ser humano, lo que me ha llevado a sentir pasión por el mundo de la psiquiatría y la neurología como ciencia. Soy un apasionado de esos temas y cuando se aproxima alguno con olor a esas especialidades de la medicina, lo disfruto tan pronto puedo.

Para contestar la pregunta, y sin muchos rodeos, es afirmativa la respuesta. Sí, la memoria se descolora, no en todos los seres humanos, pero si en una cantidad significativa. Perder el color en su caso, es como la tela mala que se destiñe, dicen las amas de casa, en el caso de la memoria, va perdiendo color, se decolora hasta quedar en blanco por determinados periodos de nuestras vidas, y a veces, por completo.  Hay una familia en el país -para no dar pista por respeto- que genéticamente padece de demencia. El año pasado, al visitar uno de sus miembros, a quien hacia menos de un año que había visto ya con cierto deterioro, me apene cuando me pregunto, ¿y quién es usted, quiero recordarlo, pero no puedo, como se llama? Creo que su edad ronda los 65-70 años y de salud general luce bastante bien.

No siendo profesional en el área, y por si puede serle a usted de interés y para mejor comprensión de la interrogante, comparto a seguidas el artículo publicado en su blog el día 2/12/28 por la Dra. Isabel Güell López, -reputada medico neuróloga española- titulado: “Fallos de memoria alarmantes”. Sin más preámbulo, aquí va:

“Antes me ponía de ejemplo.  “No se preocupe, a mí también me ocurre”. Inolvidable el recuerdo del despiste de cuando me trasladé a Madrid a iniciar la residencia de neurología.  Mi peine en la nevera de mis parientes que escrupulosamente respetuosos con su invitada… ni nombrarlo… hasta que se me ocurrió preguntarles si lo habían visto por algún lugar de la casa. Aún nos reímos.

Despistes que se suelen atribuir a falta de atención. Desde luego, mientras uno deja un peine en la nevera está pensando en todo menos en el peine. Ante un paciente preocupado por sus despistes, siempre trato de explicarle que lo realmente preocupante como posible inicio de un deterioro cognitivo camino de una demencia no es el despiste en sí mismo sino la frecuencia o números de objetos perdidos, olvidos, repeticiones que nos ocurren a lo largo del día. Como una balanza; una balanza claramente a favor de un buen rendimiento en nuestras actividades cotidianas.  Por otro lado, también debemos tener en cuenta la categoría del despiste en sí mismo. Pues, si un despiste del tamaño de un peine en la nevera se va repitiendo con asiduidad, la consulta al especialista en despistes es más que aconsejable. Algo en la línea del ejemplo de quien se ducha, se viste y acto seguido se vuelve a duchar; evidente lapsus llamativo y preocupante; de ocurrir puntualmente; perdonado. Pero, si ocurre regularmente, pues no es normal.

Como la medicina no es matemática y no se trata de contabilizar los despistes y consultar o no al especialista en base a ello, lo aconsejable es visitar a un neurólogo y, éste, en la propia visita, valorara la importancia del problema. “No se preocupe… eso también me ocurre a mi” …   solía comentar, solía, pues, desde hace unos pocos años… ya no, ahora, además de ello, suelo añadir… antes me ponía de ejemplo para tranquilizar a mis pacientes, ya no, continuo rindiendo  bien, incluso mejor pues los años me han dado esa dosis de experiencia  importantísima que no se aprende en los libros ni en los congresos sino en el día a día de la práctica clínica, si bien, antes me acordaba a la perfección de la historia de un paciente que había consultado meses atrás sin necesidad de recurrir a los datos apuntados en su historial, ahora no, ahora, incluso la cara,  su problemática, no diría  borrada, sino obnubilada entre el conjunto de pacientes, y no ya meses,  apenas un par de semanas atrás, o reviso su historial o debo deducir lo que no recuerdo y no recuerdo pues mi memoria no solo ya no es la que era -algo absolutamente normal por la edad-  sino que ahora comienzo a pensar que  debería preocuparme y someterme a la consulta de otro neurólogo. No sé bien, la edad no perdona, pienso, en todo caso, ya no me pongo de ejemplo.” faustogarcia2003@yahoo.com

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