Editorial

Sea la fecha de mañana el hito de reivindicación para el sistema electoral tras los esfuerzos rectificadores dirigidos por quienes renovaron propósitos de organizar una justa fuera de dudas, con suficiente respaldo de liderazgos partidarios, candidatos y electores convocados a asistir masivamente a las urnas en plena adhesión a la democracia puesta en peligro recientemente. Sirva el próximo amanecer como señal en grande de que la nación dejará atrás las frustraciones de febrero que provocaron un renacer cívico de particulares bríos juveniles que exige el real cumplimiento de prerrogativas políticas. Que condena el revés atribuible a graves imperfecciones circunstanciales o como consecuencia, no descartada todavía, de crímenes electorales pendientes de descubrir. Los dominicanos votarán precedidos por favorables actos mancomunados en acelerado proceso de ajustes y previsiones mayormente consensuados para que todo salga bien. Con el acompañamiento y observaciones competentes de organismos multilaterales y nacionales. El país está más alerta que antes como si le moviera la convicción de que lo único que puede admitirse, en vigencia de derechos esenciales, es que la jornada de votaciones resulte equitativa y transparente. Se trata de un compromiso del que no escapa nadie, lo que debe tener muy en cuenta el presidencialismo poderoso, centralizador, que mucho conviene superar históricamente. Versatilidad desarrollista Las zonas francas del país, situadas evidentemente en una coyuntura favorable de movimientos internacionales de capitales, encajan además en la realidad social dominicana que obliga a crear empleos que el mercado laboral pueda suplir con cierta facilidad. Se cuenta localmente con centros de preparación masiva de la mano de obra que se corresponde con parques existentes o en proceso de creación. La reciente llegada de inversiones que sumarán empresas al territorio nacional a un costo superior a los doce mil millones de dólares confirma la efectividad de incentivos que han tenido importantes consecuencias como son: la diversificación enriquecedora de renglones manufactureros a nivel nacional y la asimilación por los trabajadores dominicanos de destrezas mejor pagadas, lo que recuerda los despe

Después de las fracasadas elecciones del 16 de febrero, estamos convocados para mañana domingo. Un imperativo de ciudadanía.

Esta vez han bajado los ánimos y la población está apaciguada. La rebeldía de la juventud después de esas frustradas elecciones, podría canalizarse mediante la vía del sufragio.

Igual, los militantes y los partidos políticos están algo extenuados y en general con los bolsillos vacíos, pero esperanzados en tener el mejor resultado en las urnas.

Los ciudadanos más simples, después de ver los acontecimientos, deben hacer un esfuerzo mayor para de nuevo obedecer al llamado cívico de votar como un ejercicio por el fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Ahora, más que ayer, es necesario votar. Resistir la inevitable tendencia al inmovilismo, y comprender que la mejor manera de revertir las implicaciones de aquel mal momento es concurriendo a las urnas.

Ahora hay otra inquietud. Una amenaza global, el COVID-19, que ha sido el azote de la disciplinada China, la peste de Europa, Asia y progresivamente África y su presencia creciente en América. Ya Estados Unidos declaró la emergencia nacional por su presencia, lo que ha implicado restricciones importantes. Antes había cerrado su comunicación aérea con Europa. Universidades y escuelas cerradas y medidas duras en las ciudades donde la presencia es más significativa.

Tenemos el coronavirus en Centroamérica y en varias islas del Caribe, entre ellas Puerto Rico. Los dominicanos ya tenemos once casos, la mayoría importados, pero aumentan los casos sospechosos.

Ayer, los supermercados del Gran Santo Domingo fueron abarrotados en medio de crecientes rumores. Es más que evidente que hay temores y desconfianza. Algo parecido ocurrió en la segunda ciudad más importante del país.

Pero nuestras autoridades insisten sistemática y firmemente, que no tenemos el COVID-19 circulando en el territorio nacional. La Oficina Panamericana de la Salud (OPS) ha dicho que no hay peligro para acudir a las urnas a votar.

Es un deber ejercer el voto. Pero hay que hacerlo bajo el rigor de las pautas, con la debida distancia en las filas, evitando las aglomeraciones innecesarias, y aplicando todas las prácticas de higiene.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba