Editorial

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El año 2020 comenzó marcado por la sangre de cuatro mujeres dominicanas asesinadas por sus parejas o relacionados. Imposible minimizar o pasar por alto una realidad que se ha estudiado y enfocado desde muchos ángulos y a la que no se ha encontrado solución

Como avance, si es que lo hay, puede resaltarse que la sociedad dominicana ha comprendido el alcance de la tragedia que viven miles de mujeres en su propia casa. Ya no se oye “en pleito de marido y mujer no te has de meter” ni se justifican las muertes aludiendo a motivos pasionales, como si los celos exculparan a los matadores.

Sorprende que a pesar de todas las campañas haya mujeres jóvenes que toleren conductas violentas y que algunos hombres jóvenes, coprotagonistas de una sociedad en la que la mujer ha avanzado en independencia y formación, sigan considerando a la mujer como de su propiedad.

Falta mucho, evidentemente. No se puede ceder en prevención, formación de los cuerpos actuantes, educación en las aulas, en los hospitales, en la Justicia… Con cada muerte se revela cuánto queda por hacer.

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