Editorial

Ser policía

En las condiciones actuales es muy difícil ser agente de policía. Vivimos en una sociedad donde se precian más los derechos que las obligaciones. Así vemos cómo malandrines irrespetuosos y agresivos tienen que ser tratados como “gentlemen” de Londres por alguien que solo está tratando de cumplir con su deber en condiciones muy precarias.

Por otra parte, ese agente de la Policía, que tiene órdenes de hacer cumplir el toque de queda, por ejemplo, tiene que aguantar todas las sandeces del mundo, porque a pesar del mandato que tiene, si se “equivoca” le puede costar su puesto y hasta cárcel.

Todos sabemos que en los países en los cuales se respeta el orden, el que se mete con un policía cumpliendo con su deber la pasa muy mal y el sistema judicial se encarga de hacerle pagar. Aquí, por el contrario, el culpable siempre es el policía.

Nadie puede condonar los abusos, pero sería bueno que algunos de los que critican las actuaciones policiales se ofrecieran a acompañar las patrullas por algunos barrios para que vean la realidad. Apoyamos la autoridad y el orden. Condenamos los abusos.

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