Editorial

Sin consenso

Editorial El Caribe

El lunes pasado el Partido Revolucionario Moderno (PRM) anunció su decisión de participar en un diálogo bajo los auspicios del Consejo Económico y Social. Antes, el 23 de febrero, había suscrito un llamado al diálogo junto al resto de la oposición sobre la base de diez propuestas para unas elecciones transparentes, un “gran pacto político-social” que garantice elecciones equitativas sin la irrupción del gobierno, acompañamiento de la Junta Central Electoral (JCE), equilibrio en la composición de las juntas y colegios electorales, la continuación de la observación de la OEA, la regulación publicitaria y la limitación de los funcionarios en la campaña, entre otros asuntos.

Anoche, el expresidente Leonel Fernández se dirigió al país y expresó objeciones al diálogo auspiciado por el Consejo Económico y Social en el entendido que ese órgano no tiene competencia para ello y en consecuencia estaría descalificado para conducirlo.

Ese planteamiento, si se observa el anuncio del pasado lunes del PRM, sugiere una fragmentación en la posición de bloque de la oposición frente al gobierno, que se había mostrado dispuesto a participar en el mismo.

Ello supone que el accionar del Consejo Económico y Social no habría sido consensuado con toda la oposición, sino con una parte, y siendo así, el diálogo bajo esa sombrilla no estaría concertando a todos los actores.

Habría que preguntarse, ¿quién motorizó al Consejo Económico y Social?, porque hasta dónde se sabe, el diálogo estaba siendo impulsado por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), Participación Ciudadana y otros actores de la sociedad civil.

Las elecciones del 15 de este mes están al doblar de la esquina. Aunque duela decirlo, la JCE quedó muy debilitada con las fallidas elecciones del 16 de febrero.

El parecer más extendido sugería una suerte de acompañamiento a ese órgano, que le mejorara la confiabilidad, y ese es uno de los motivos del diálogo.

Pero observando los movimientos de las últimas horas, habría que preguntarse si ciertamente todas las partes de verdad creen en el diálogo.

Tememos que el 15 de marzo llegará sin consenso acerca de las condiciones en que se celebrarán las votaciones. Y eso plantea riesgos que podrían afectar la calidad de la democracia.

 

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