Editorial

Sin protección

Es difícil asumir que una mujer fue asesinada por su pareja dentro de una patrulla de la Policía. Juana Peña Cruz había logrado huir de un primer ataque y pedido protección a la Policía para rescatar a sus hijos, que seguían en la vivienda donde el hombre armado había tratado de matarla.

Pero ni dentro de la camioneta policial estuvo a salvo Juana.

Ante hechos de esta naturaleza, ante el número de asesinatos de mujeres, no cabe más que el horror y la urgencia de encontrar vías de contener esta hemorragia de crímenes.

La muerte es el eslabón final de una cadena que comienza mucho antes, con señales inequívocas que todos debemos aprender a identificar. La cultura que empuja a las mujeres “a aguantar lo que haga falta para no perder el marido”. La dependencia económica. El rechazo de la familia a las menores embarazadas. La falta de educación. Todas las causas que se enumeran parecen baladíes ante hechos como el ocurrido en Jarabacoa. A Juana la asesinó su pareja dentro de la camioneta de la Policía que la estaba socorriendo.

No hay mucho más que añadir.

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