Editorial

Solidaridad

El temor al contagio de coronavirus impide prodigar abrazos y besos, saludar con un apretón de manos o la cercanía de una conversación, pero no impedirá el ejercicio de la solidaridad, caridad y compasión, virtudes que deben expresarse hoy con mayor vehemencia cuando la humanidad sufre los estragos de esa pandemia.

Los dominicanos deben asumir junto a las autoridades el compromiso de frenar el avance de ese virus, anular los daños que causa a la salud y la economía, y poder así recuperar el derecho de poder dispensar un saludo fraterno a sus semejantes.

Es por eso que se exhorta a la población a obedecer las disposiciones de las autoridades que limitan el movimiento ciudadano y propenden al aislamiento social, estrategia fundamental para evitar la propagación del COVID-19.

Se admite que medidas aplicadas en el marco del estado de emergencia, como restricciones de ingreso de extranjeros y el cierre del comercio, producen efectos secundarios asociados al desempleo, pero deben ser asumidas como remedios indispensables que procuran evitar que el coronavirus haga metástasis en el tejido social y económico.

La espiral de expansión de ese virus aún no se detiene en Italia y España donde sus efectos sanitarios adquieren ribetes catastróficos, en tanto que en América Latina, su trayectoria apenas comienza, por lo que todos deberían entender y respaldar las drásticas restricciones que se aplican aquí para frenar su avance cuanto antes.

El Gobierno debería tener en carpeta medidas adicionales a las ya anunciadas para asistir a los sectores de la población que son o serían los más afectados por el coronavirus y el programa de emergencia, especialmente en lo que se refiere a pérdida de empleos por reducción de las actividades económicas.

Se sabe que miles de empleados y trabajadores de hoteles, comercio e industrias han sido enviados a sus hogares sin prestaciones laborales o con la incertidumbre de saber si su estatus es de suspensión o cesantía.

La solidaridad, caridad y compasión referidas al comienzo de este editorial compete también a empleadores que no deberían desamparar a sus colaboradores en momentos tan difíciles, menos aún a la sombra de subterfugios jurídicos. Este es el momento del sacrificio, de extender manos generosas, de dar y ceder hasta que duela.

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