Opinión

Solidez y sabia gobernanza

Por: Rafael A. Escotto
Las críticas contra la marcha del Gobierno que preside el honorable señor presidente Luis Rodolfo Abinader Corona pretenden desequilibrar su presidencia a través de insinuaciones falsas.
¿Son justos u obedecen esos innuendos cocinados apresuradamente y lanzados al seno de la sociedad con el único propósito de causar cierto atosigamiento al ejercicio gubernativo que desarrolla el jefe de estado en medio de una pandemia que tiene a los habitantes de esta media isla estresados?
Por otro lado, uno se pregunta: ¿Existen intereses que pretenden colocar al gobierno al borde de una ruptura de un orden de actuación política y social lógica, que se nota compacto, con objetivos transparentes y sensatos¬?
No sé con qué meta es que algunas personas desde fuera de este gobierno y, según se dice, hay cómplices también adentro del mismo, que están intentando hostigar la solidez política y la credibilidad social que tiene la gestión del presidente Abinader.
A no ser que algunos de los políticos opuestos al presidente Abinader Corona estén en «teteo», otros quizá queriendo bailar «titak» y parece que han perdido clase social y al mismo tiempo tampoco entienden lo que es la política vinculada al poder así como la calidad del disenso.
El jefe de estado ha leído la «Teoría del conflicto» del sociólogo, economista y politólogo alemán Max Weber, aunque algunos no quieran aceptarlo, y sabe muy bien que los conflictos no están excluidos de la vida cultural y política. El presidente reconoce la naturaleza negativa de los conflictos, pero reconoce además que son inherentes a las personas humanas. El conflicto, así considerado, viene siendo una experiencia de carácter previsible en las interacciones entre los sujetos y connatural a la vida social
Pensemos en otra cosa: Ningún Gobierno nace con todos sus signos vitales funcionando óptimamente.
Ahora bien, si se evalúa el año que lleva de vida esta administración cualquier analista político o social prudente no vacilaría en considerarlo, si no se desea darle el cien por ciento, por lo menos, es un gobierno bien balanceado.
Sus frecuencias respiratorias y pulsaciones son las normales que podría aspirar un gobierno en un año de incertidumbres globales económicas, de salud, de luchas de potencias por dominios de mercados y de dificultades financieras razonables.
La sociedad dominicana, igual que otras sociedades universales, está actualmente afectada por circunstancias externas e internas, problemas fronterizos muy angustiosos para cualquier gobernante.
Esas presiones externas contrarían la actuación de cualquier mandatario, como el presidente Abinader, que ha tenido que enfrentar casi solo el peso social y espiritual de un país acorralado por el COVID-19, con desesperantes requerimientos de empleos de miembros del partido de gobierno, con un proyecto de limpieza moral bastante complejo y con conflictos diplomáticos limítrofes que exigen solución con bastante tacto para evitar ofender susceptibilidades regionales y suprarregionales que demandan el empleo de alta política de Estado.
El caso haitiano en Dajabón supera la explicación racional planteada por el geólogo dominicano Osiris de León y cae dentro de la pertinencia diplomática del buen amigo ingeniero Carlos Michelén. Lanzar una ofensiva desde una visión geológica contra el canal seria empezar una disputa que sobrepasaría la fábula de carácter biológico que busca satisfacer en el libro de Juan José Arévalo una necesidad inmediata.
Sería una necedad política si el presidente Abinader se opusiera a un proyecto de bifurcación hacia Haití del Masacre fronterizo financiado, según se cree, por el Banco Mundial. Oponerse se estaría entrando en la canción de Myriam Hernández: «Huele a peligro», compuesta por el maestro Armando Manzanero.
El presidente Luis Abinader no es tonto ni sufre de amnesia mental para navegar, ni por asomo, en el gran peligro que plantea el poema de Lope de Vega, en el que Ángel, el gran Bautista, se arrojó al cielo envuelto en sangre por decir la verdad como ha sido dicha por De León y Michelén. Los bosques de Haití han sido depredados y la explotación minera en aquel país precisa de agua para su sostenibilidad. Creemos que en el conflicto del Masacre prevalecerá la diplomacia y la razonabilidad.
Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba