Opinión

«Te ayudaré en todo lo que necesite»

Por: Rafael A. Escotto

“No voy a ser el presidente que divida, sino el que una. Nuestros oponentes no son nuestros enemigos, son estadounidenses”, Joe Biden

En esta frase del expresidente George Busch, Jr., del Partido Republicano al presidente electo Joe Biden, hay en ella una contribución valiosa que va más allá de crear un impacto psicológico positivo en la tan discutidas elecciones presidenciales y congresuales. Tiene un fuerte contenido político y otro social que tiende a tranquilizar las pasiones que se salieron de su cauce durante la campaña electoral que acaba de definir el ganador del proceso comicial en los Estados Unidos, pero aun así no se ha podido resolver la intransigencia que está poniendo el virtual perdedor del certamen Donald Trump, de negarse aceptar su derrota.

Como se ve, estas elecciones han fragmentado peligrosamente la sociedad norteamericana, no solo entre azules y rojos, los colores de los partidos contendores; además entre blancos del Sur y negros e hispanos pobres del Norte quienes luchan por mejores condiciones de vida y de trabajo. Estos asuntos han revelado los estados de pobreza, de injusticia social, de discriminación racial y las contradicciones ideológicas que subyacen durante años en la sociedad norteamericana.

Mientras más dure esa obstinación del actual incumbente de la Casa Blanca a no reconocerle el triunfo al candidato electo Joe Biden, más profunda se hará la división social, la lucha racial se acrecentará y en tal medida el desarrollo socioeconómico y la unidad que se precisa para lograr estos objetivos humanos y sociales se retardaran y, a la vez, las tensiones sociales harán más difícil una unión verdadera del pueblo norteamericano.

Por otro lado, la elección en la boleta presidencial del Partido Demócrata de la electa vicepresidenta Kamala Harris, ha convertido a esta en la primera mujer en ocupar este cargo en la historia del país. Según lo expresado por ella misma: «Seré la primera, pero no seré la última», con lo que quiso sugerir que detrás de ella podrían surgir en el seno de la sociedad norteamericana otras mujeres talentosas con las mismas oportunidades.

¿Que hizo que apareciera en la contienda electoral la candidatura de la Harris? Creo que la muerte de George Floyd, un hombre negro de 46 años, mientras estaba bajo custodia de la policía de Minneapolis fue el factor principal, pero no el único, como sería la búsqueda de un equilibrio válido o de contrapeso social y político que le de a la sociedad sentido de ecuanimidad o de imparcialidad de juicio y de justicia.
Esta muerte de Floyd exacerbó la ira en la comunidad negra y de ella surgieron las protestas que intranquilizaron a toda la sociedad norteamericana, incluyendo al propio presidente Trump, quien dijo «estar preocupado» tras ver las “atroces y espantosas” imágenes del asesinato ocurrido aquel lunes y que había exigido que la investigación tuviera máxima prioridad. Sin embargo, esos sentimientos llegaron tardíos al seno de la sociedad puesto a que ya el furor del pueblo de Minneapolis se había extendido a otras ciudades y pueblos sin poderse detener su fuerza y su crecimiento.

No creo que la intención del presidente Trump haya sido jugar a la división de la sociedad norteamericana, no obstante, sus consignas y su rostro ácido durante la campaña alentaron, quiza sin proponérselo, estados explosivos entre sus seguidores y rechazo entre sus contrarios. El presidente reeleccionista no tuvo asesores políticos que le dijera que tenía que modificar el tono de sus consignas y mostrar, al mismo tiempo, un rostro menos agresivo en las pantallas de televisión.

No obstante, a lo dicho anteriormente, la cantidad de votos conseguido por Trump, no fueron suficientes en cantidad para mantenerse en el poder toda vez a que la estrategia del Partido Demócrata fue haber ordenado el voto por correo aprovechando la pandemia del Covid-19 que impedía la aglomeración de personas y, por tanto, la contaminación.

Así las cosas, el mapa se tiñó de azul en lugares que el voto presencial en sus inicios lució republicano. El retraso en la llegada de los votos a los centros de conteos fue mayoritariamente a favor de Joe Biden y terminaron dándole el triunfo al candidato Demócrata.

Al parecer, desde que Trump ascendió a la presidencia su tarea fue utilizar medias verdades y el miedo cruel para crear en la población una escisión que al mismo tiempo le serviría para sembrar la desconfianza en las instituciones electorales y contra el liderato político tradicional. Podemos decir, que esta estrategia política de Trump de alguna manera produjo sus efectos, hasta el grado que le permitió llegar al final de la contienda con unos pocos miles de votos menos que Biden.

Desde el comienzo del escrutinio Trump apostaba a denunciar la falta de confiabilidad en el proceso lo cual fue otra de sus tareas, pensando que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, atribuida al jefe de campaña de Adolfo Hitler, Joseph Goebbels, reconocido por su relevancia en el proceso de ascenso de Hitler al poder y por el impacto de sus estrategias mediáticas en la creación de la identidad antisemita.

Esa táctica del equipo de campaña de Trump le fue enajenando el apoyo de una parte de su propio partido, toda vez a que ello implicaba una ruptura con el concepto de institucionalidad constituido por creencia, ideas, valores, principios, representaciones colectivas, estructuras y relaciones que condicionan las conductas de los integrantes de una sociedad.

Interpretando a Piu Daeza, en un ensayo sobre La democracia en Chile, este explica que «Lo institucional supone un proceso sistemático de consolidación (permanencia y uniformidad) de conductas e ideas a través de medios e instrumentos (organizaciones y normas) para alcanzar un fin social, cuya expresión práctica se asimila como valores.» ¿Era o no la intención de Trump lograr una desconstrucción o desmonte del cerebro de los ciudadanos estadounidense presentando contradicciones y ambigüedades increíbles para evitar que piensen con objetividad?

Ningunos de los alegatos de Trump de que, por ejemplo, el conteo de votos lento intentaba robarle las elecciones o que se estaban contando «votos ilegales» no pudieron comprobarse. El triunfo de Joe Biden se consiguió finalmente con el resultado en Pensilvania, que le concedió 20 electores y luego se le sumaron seis de Nevada. Antes de ponerle termino a este artículo, me hago eco de un trabajo publicado desde Washington, D.C., por la periodista Yolanda Monge, refiriéndose al control del senado en el Estado de Georgia, dice:

«En unas elecciones en las que ha habido que esperar desde el martes 3 de noviembre hasta el sábado para saber quién ocupara la Casa Blanca, los líderes del Congreso han entrado —sin desearlo— en una dinámica de incertidumbre parecida. Cada uno parece sentirse ganador cuando quedan resultados por llegar y escaños que ocupar. Algunos, como los dos asignados al Estado de Georgia para el Senado, se verán abocados a unas elecciones extraordinarias el 5 de enero por no haber superado ninguno de los candidatos el 50% de los votos.»

Aun con todo lo que se dice que la sociedad norteamericana ahondó su división y que pasaran años para poder restañar las heridas, el país logrará conciliar sus diferencias políticas y de actitud surgidas durante el sufragio electoral y volverá gradualmente a retomar el ritmo de su vida democrática, de desarrollo socioeconómico y su grandeza planetaria que le ha caracterizado a esta nación y de cuyo poderio el pueblo norteamericano habrá de sentirse orgulloso.

En conclusión, tenemos que aceptar que las luchas políticas suelen fraccionar las sociedades por la carga de emociones que hay en ellas y la sociedad norteamericana no es ni será la primera ni la ultima en vivir esta situación.
 

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