Opinión

¿Tendrá solución, algún día, la violencia de Género e Intrafamiliar?


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


Lidia Melania Emeterio Rondón

Lo que aún sigue ocurriendo (de parte de su compañero o excompañero) con la integridad física y psicológica de muchas mujeres en nuestro país, está dejando cada vez más preguntas que hacer, y más propuestas para formular. A más de 30 años de la Convención de Belém Do Para, (celebrada en Brasil,1994) contra toda forma de Violencia contra la Mujer, y a más de 30 años de la Conferencia de Beijing, China (septiembre 1995) y toda su plataforma, que incluía con sobrada preci­sión todos los indicadores de violencia y discri­minación hacia la mujer, a pesar de todos estos esfuerzos el año 2025 finalizó dejando tras si, muy intacta la Violencia de Género y la Violencia Intrafamiliar, con su expresión extrema, los feminicidios. Y con esa herencia bárbara inició el mes de febrero 2026, como si la existencia de este mal estuviera destinada a ser para siempre.

Los hombres feminicidas y los que abusan de las mujeres siguen actuando como el personaje de uno de los cuentos de Juan Bosch, El sin ley. No hay quien los detenga. No temen a la supresión de derechos, ni a períodos largos de  prisión, ni a las amenazas de castración. Ellos actúan con sed de sangre, y para hacerlo, no necesitan ser jóvenes, mayores adultos, envejecientes, intelectuales, analfa­betas, locos o cuerdos, religiosos o incrédulos. Todos están poseídos por la ideología patriarcal que los ha convencido de que son superiores a las mujeres, y que tienen todo el poder sobre ellas, incluso sus deseos de querer, o de no querer. Estos cerebros están sellados en su decisión, y son conscien­tes de lo que hacen. Siendo esta la realidad, ¿Por qué no invertir para trabajar atacando la ideo­logía?

Por más que la sociedad haya avanzado, los hombres no han cambiado de mentalidad porque es un asunto de conveniencia. Las raíces de este problema están en el sistema de valores fundados en una ideología que da poderes infinitos al hombre, y resta valor a la condición femenina. El peso de la ideología se ha arraigado, un arraigo que se reproduce. Pocas cosas, en términos de resistencia al cambio de mentalidad, se le comparan. Es muy distinto en los avances tecnológicos. Recuérdese que, personas ya habituadas a tomar agua a tempe­ratura ambiente, cuando se masificaron las neveras, olvidaron de inmediato las ventajas de las tinajas. Tampoco hubo resistencia cuando se dio el cambio del carbón por la estufa de gas. Donde sigue habiendo resistencia  es en la mentalidad masculina  que se niega a ver en la mujer a su igual, y no quieren renunciar a lo que siempre le ha reportado beneficios: el control sobre las mujeres y las decisiones de éstas.

Es inaplazable que las ONG que trabajan el tema, y los organismos del Estado, incluido el Ministerio de la Mujer, elaboren fórmulas funcionales para trabajar el elemento ideológico mucho más  de lo que hayan estado haciendo. En la actualidad, por los resultados que se muestran, esta violencia hacia la mujer se está enraizando más, aunque hayan medios de simulación para decir lo contra­rio­.­

Se nota que hay un retroceso. Cada vez hay menos voces clamando por los derechos integrales de las mujeres, incluso los feminicidios ya son vistos como algo de rutina, se están naturalizando esos hechos aberrantes, y por lo bajo, se sigue pensan­do que la mujer lo provocó, que no se portaba bien, que por qué no lo dejó (al hombre) antes. Es decir,  sigue la victimización de la víctima, hasta que la vida no les lleve, a quienes así piensan,  la cruz y el dolor a su casa.

Los feminicidios no están exentos de la mirada  morbosa, no solo de los medios. Muchas veces se busca afanosamente el dato estadístico  de cuán tos  feminicidios se han producido en el año, solo con el propósito de la difusión. Cierto es que el dato cuántico permite ver la realidad concreta  y compararla  con otros periodos, sin embargo no hay tanto interés por saber por dónde anda la violencia psicológica,  calidad de los agresiones físicas, y la violencia patrimonial. No se interesan tanto por los casos judicializados, los que terminan en sentencia, los que se dejaron por cansancio,  o por  poca sensibilidad judicial. Se deben difundir historias de casos, para ver  cómo se afecta la autoestima y la capacidad de respuestas sociales  que puede dar una mujer  sometida a  esa violencia. Saber cuántas mujeres, por culpa de esa violencia brutal,  tienen  lesiones permanentes  y cómo es que se comporta  la solidaridad familiar y comunitaria. Y por esa misma vía indagar  cómo incide la violencia intrafamiliar  en  las escuelas  públicas o privadas. Publicar  esto, aumentaría  la certeza e importancia de que este flagelo se vaya eliminando, y sea cada vez mas repudiado.

En el pasado mes de enero, el presidente Luis Abinader se reunió con sus  ministras/ os para ver la marcha del país a través de las ejecutorias. Dentro    del conjunto de temas a abordar, no recuerdo haber leído nada que,  sobre la violencia de género  y violencia o intrafamiliar, se haya tratado allí. Si el Consejo de Ministras/ os  se reúne para cosas importantes, la violencia intrafamiliar y de género, no lo es. Es oportuna esta observación, pues siendo esta violencia un problema nacional que implica vida o muerte en el país, debió estar presente en esa primera reunión ministerial del año.  Si se hubiera llevado el caso, se hubiera mandado un buen mensaje al país, y a todos los hacedores de violencia interfamiliar,  principal violación de los derechos humanos, y uno de los problemas que ha evidenciado que el lugar mas inseguro para muchísimas mujeres, sigue siendo su propia casa.

Las personas que creen que este tipo de violencia será para siempre, necesitan mensajes de contundencia. Proponemos que durante este año se realicen al menos, cuatro Consejos de Ministras/os donde el tema principal sea la violencia de género e intrafamiliar como una situación urgente. Estos Consejos deben provocar en la ciudadanía un compromiso con la intolerancia  y rechazo a esta inaceptable práctica  que mas bien parece de la caverna. Hay que buscar afanosamente una respuesta profiláctica, pues nadie debe acostumbrarse a lo dañino, ni verlo como destino. Lo que hay que hacer es lo que aun no se ha hecho. Por ejemplo, un hombre denunciado por abusador, debería recibir, no una amonestación, sino una sanción laboral ejemplificadora, y hacérsele un expediente anexado a su currículum. Hay que atacar la violencia por donde  se inicio,  y hacerlo por todos los frentes  y a través  de todo país: político, cultural económico, laboral, académico, sociedad civil.

Aun no están agotadas todas las posibilidades de solución. EL Consejo de M. debe, para tales fines, hacerse  cuestionamientos de rigor para que de su seno  salgan  soluciones novedosas, prácticas, que duelan, que funcionen. Es de urgencia una o varias las campañas permanentes bordeando el territorio  como nunca se ha hecho. Sabiendo que el problema es cultural e ideológico las acciones y el plan de evaluación y seguimientos tiene  que responder a esa misma realidad. Hay solución, pero si se buscan, sin discursos, sino con voluntad, apertura,  y recursos económicos a la manos.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba