Editorial

Tengan cuidado

El operativo policial de la madrugada del jueves pasado contra los campesinos que acampaban en los alrededores del Palacio Nacional en reclamo de atención del gobierno para exponer sus demandas de tierra en el municipio de Vicentillo, en El Seibo, constituye un nuevo signo generador de inquietud en la sociedad sobre el proceder de entes de poder.

Esos ciudadanos se habían asentado en un área en la cual no constituían obstáculo para el desempeño de las actividades gubernamentales ni el flujo del tránsito. Pacíficamente pedían ser recibidos por alguna autoridad para plantear una demanda social: tierra para trabajar, como venían haciendo en un predio del cual fueron desalojados.

Pero al correr de los días empezaron a llamar la atención y a recibir solidaridad. Eso pudo terminar con una mera acción de cortesía de Palacio, recibiéndolos, o acercándose y escucharlos. Pudieron enviar alguna autoridad competente, como el director del Instituto Agrario Dominicano (IAD) para que los atendiera.

Parece que irritaban con su presencia. Y en la madrugada del jueves un contingente policial se los llevó por la fuerza en un operativo que hace recordar los métodos de los gobiernos de fuerza. Bajo el manto de la oscuridad apresan o disponen de las personas, en violación de los derechos de ciudadanía.

No hay demasiada diferencia entre la intolerancia del ofendido presidente de la Cámara de Diputados que ante la repulsa de un ciudadano en el estadio Quisqueya recurrió a la Policía, y mediante un operativo, destrozó el más preciado derecho humano después de la vida: la libertad. Al otro día, el Ministerio Público no tuvo más alternativa que liberarlo porque no había cometido ningún delito.

Las autoridades deben tener mucho cuidado. Digamos que los “peregrinos” del Palacio ocupaban unos terrenos privados, como ahora dice el Instituto Agrario Dominicano (IAD), y fueron desalojados. Fue el imperio de la ley. Esa institución tiene las herramientas para sortear una situación como esa. Debieron realizarse las debidas diligencias con ese propósito.

Lo que no se justifica es la acción madrugadora que revive en la memoria colectiva los tiempos del terror oficial.
Tengan cuidado.

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