Editorial

Y todavía falta la post-pandemia

Wuhan, en China, fue la cuna del coronavirus. Sus once millones de habitantes permanecieron dos meses y medio en cuarente­na total y allí se registraron 3,500 muertes entre 50,000 contagiados.

No obstante haber sido declarada libre de la pan­demia, todavía se mantienen reglas para garantizar el aislamiento social de sus habitantes y, en conse­cuencia, evitar un rebrote. Y esa es la causa por la que la mayoría, que está sana y que no sufrió conta­gio, sigue respetando las reglas.

Después de enfrentarse a este modo de vida ex­cepcional, tanto los habitantes de Wuhan como de otras ciudades del mundo abatidas por una alta mortandad y por la parálisis de sus economías, se encuentran en la antesala de un futuro incierto.

Nadie imagina, hasta ahora, cómo se harán y en qué tiempo, para recuperar sus economías, pa­ra mejorar sus sistemas de salud en prevención de otras epidemias y para reorganizar sus vidas.

Es decir que superar el peligro actual no garantiza la vuelta a una vida exenta de los mismos peligros.

Si hacemos consciencia de que lo que ahora libra­mos es una batalla dentro de una guerra más pro­longada, los dominicanos no deberían relajar sus defensas en el momento presente ignorando las re­glas del estado de emergencia.

No tiene sentido ni justificación que sigamos en las calles pretendiendo vivir mentalmente en una artificial “normalidad” irrespetando la vital norma del distanciamiento o descuidando la higiene de las manos, el uso de mascarillas y guantes y cumplien­do el toque de queda.

Tampoco tiene sentido, ni base científica, presu­poner que el virus, que ya está circulando práctica­mente en todo el país, será ineficaz o benevolente con nuestro país si todavía adolecemos de un am­plio esquema de clínicas, hospitales o centros de ais­lamiento para tratar a los afectados.

Si los de Wuhan, que vivieron la estricta cuarente­na de dos meses y medio, siguen todavía en actitud preventiva y defensiva, es por algo.

Saben lo peligroso que es descuidarse y exponer­se a un nuevo contagio. Ya han visto que en Corea del Sur decenas de “recuperados” volvieron a con­traer el virus y que aún la ciencia no ha podido des­cifrar el misterio del rebrote.

Si sabemos eso, entonces resultaría una impru­dencia mayúscula que los dominicanos, con el Go­bierno a la cabeza, minimicen olímpicamente este peligro, que es apenas uno de los varios que nos es­peran en la era de la post-pandemia.

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